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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Capítulo 17. La sociedad utilitaria-consumidora. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Índice. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Capítulo 19. La sociedad transcendente. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad.

Capítulo 18. La utopía libertaria.

  1. Estructuras opresoras y estructuras libertarias.
  2. La sociedad postlógica.
  3. La sociedad ecológica.
  4. La sociedad pacificada.
  5. El socialismo anárquico.

A lo largo de esta Tercera Parte, hemos querido poner unas bases firmes, asentar unos fundamentos sólidos para la construcción de una sociedad mas equilibrada, mas humana, mas satisfactoria para todos y cada uno de sus miembros.

Podríamos resumir el conjunto de propuestas presentadas en tres apartados:

  1. Libre mercado y libre sociedad transparente: esto es,
    1. Un único instrumento monetario legal, la factura-cheque pro-telemática, exhaustivamente informativa y clarificadora de todos los actos monetarios ocurridos en cada espacio-tiempo imperial considerado;
    2. Imperialización de toda la información estadística-analítica proporcionada por la red monetaria telemática;
    3. Rígida separación entre la sociedad utilitaria y la sociedad liberal, controlada a través de mecanismos monetarios;
    4. Libertad mercantil responsable, dentro de las leyes mínimas establecidas por el Estado y desarrolladas por cada gremio;
    5. Libertad liberal responsable, dentro de las leyes mínimas establecidas por el Estado y las normas deontológicas establecidas por cada colegio.
  2. Dialéctica entre arquía y anarquía: eso es, establecimiento de estructuras árquicas (políticas, justiciales y cívicas) fuertes pero responsables al final del mandato y constitucionalmente limitadas.
  3. Dialéctica entre bien común y bien privado: esto es, el establecimiento de estructuras utilitarias que respeten las libres iniciativa y propiedad privada, pero que al mismo tiempo aseguren, a través de la solidaridad comunitaria, la satisfacción de las necesidades utilitarias de todas las personas con un poder de compra insuficiente.

A partir de estas realidades sociales mínimas, es posible de empezar a fijarnos objetivos de mas alcance, proyectos mas liberadores. Es posible el empezar a pensar como llevar a la práctica los ideales y las utopías mas bellas del género humano: la libertad, la justicia, la paz, la armonía, la equidad...

Todas estas nobles aspiraciones son hoy día sostenidas por multitud de movimientos sociales y políticos: pacifismo, ecologismo, no-violencia, socialismo libertario... Pero se quedarán siempre en el terreno de lo utópico-irrealizable mientras no partan de la base de unas estructuras sociales radicalmente diferentes de las actuales.

1. Estructuras opresoras y estructuras libertarias.

Karl Marx.La hipótesis de trabajo que sostenemos referente a la sociedad y a su evolución participa del materialismo histórico de Marx. Efectivamente, sostenemos que, en la vida y evolución de las sociedades, existen unas estructuras de base que condicionan todo el resto del edificio social.

Para Marx, estas estructuras se identificaban con las relaciones de producción; no queremos negarlo, pero añadimos que hay otra estructura, quizás mas determinante, a la cual nadie ha atendido nunca, pero que puede constituir una solución muy eficaz en todos los procesos sociales: nos referimos a la estructura monetaria.

En la actualidad, tanto la sociedad llamada capitalista como la llamada comunista, comparten el mismo tipo de estructura monetaria: la moneda anónima. Tal y como hemos visto en el capítulo 2, la moneda metálica concreta o moneda anónima es irracional y por lo tanto, perturba el mercado en lugar de ayudarlo a conseguir un equilibrio dinámico. Pero además, por ser anónima, impersonal e irresponsabilizadora, también es socialmente perturbadora: es la fuente de todo poder sobre las personas, de toda plutarquía y es el instrumento de toda corrupción y de toda opresión.

La desaparición de la moneda anónima y su sustitución por un sistema monetario omniinformativo, omnipersonalizante y omniresponsabilizador, significa el establecimiento de una estructura monetaria básicamente clarificadora y libertaria, contraria esencialmente a todo poder plutárquico y potenciadora de las libertades concretas de cada persona.

Solamente a partir de infraestructuras libertarias y mas concretamente de la estructura monetaria, podrán, las superestructuras llegar a ser liberadoras para los hombres: podrá la utopía llegar a ser realizable.

No pretendemos, en este capítulo, definir una sociedad utópica, ya que esta, por ser libre, es totalmente imprevisible. Pero sí que queremos dar algunas indicaciones de como, sobre las estructuras sociales anteriormente recapituladas, pueden empezar a ponerse en práctica algunas de las aspiraciones mas sentidas en nuestros tiempos.

2. La sociedad postlógica.

Nos hemos referido explícitamente, en el capítulo 13, a la imperialización de la información analítica-estadística sobre mercado y sociedad monetarias, obtenida a través de la red monetaria telemática.

Pero, en realidad, todo tipo de información y no únicamente la monetaria, será imperializada, así como todos sus medios técnicos. Efectivamente, dentro del servicio liberal de educación e instrucción permanentes, se incluyen todas las formas de edición y prensa habidas y por haber: gráficas, visuales, auditivas, audiovisuales... Los profesionales de la prensa y la edición serán considerados profesionales liberales y por lo tanto sus servicios serán gratuitos...

Por otra parte, la revolución informática hace que, actualmente, la tecnología telemática sea cada vez mas el soporte de toda transmisión, archivo y tratamiento de la información (a través de teléfono, televisión, teletexto, telecopia..., bases de datos..., ordenadores...). Y ya hemos dicho que estas tecnologías serán consideradas como servicio público y por lo tanto, serán imperializadas y de acceso gratuito. Actualmente, la telemática es una hiperlógica, es decir, una exacerbación, una exageración, una primacía absoluta de los procesos lógicos: pero hay que llegar rápidamente a una postlógica, que no es sino una tecnología telemática al alcance de todo el mundo, suficientemente evolucionada para poder dialogar con el usuario en lenguaje ordinario y por lo tanto, adaptable a cualquier nivel de cultura y formación. Cuando todos puedan servirse de la telemática con total simplicidad, facilidad, naturalidad y comodidad, habremos llegado a la era postlógica. No es necesario que todo el mundo sea conocedor de la lógica ni de la informática; con unos pocos especialistas es suficiente. Solo es preciso que todos sean capaces de utilizarla con lucidez, entendiendo que se trata de un mero instrumento auxiliar, igual como se utiliza un martillo, unas tijeras...

La liberalización de la información supone su libre circulación, sin ningún tipo de restricción, control ni censura. Hay que proteger, únicamente, el secreto profesional e industrial y la intimidad y privacidad de cada persona. Aparte de esto, todo el mundo es libre de expresar su opinión responsable y todos tienen acceso a la totalidad de la información circulante.

La libertad de circulación de la información es una fuerza muy poderosa de culturización. La información y el saber son factores esenciales e indispensables para el autodesarrollo de cada persona, de cada sociedad, de cada cultura. Si se ponen a disposición libre y gratuita de cada uno de ellos, el progreso y la dinámica originados serán espectaculares.

3. La sociedad ecológica.

La vida en armonía con la naturaleza, el respeto del ambiente natural, el retorno a formas de producción artesanales que primen los criterios de calidad sobre los de cantidad, la vida en pequeñas comunidades y la desaparición de las ciudades-monstruo..., todos estos son objetivos que solo podrán irse alcanzando, poco a poco, en el seno de una sociedad culta, responsable y rica.

Una legislación adecuada, ciertamente, puede hacer mucho. Como ya hemos anunciado en el capítulo 15, a partir de unas leyes mínimas del Estado, los gremios elaborarán estrategias ecológicas de producción, que todas las empresas habrán de respetar. La municipalización del suelo constituye un instrumento utilísimo de cara a una política urbanística y territorial eficaz. Los créditos comunitarios preferenciales pueden ser un arma muy importante para favorecer estrategias de producción que se consideren interesantes: uso de energías naturales, empresas de tamaño pequeño, búsqueda de óptima calidad...

Ahora bien, a fin de que las relaciones del hombre con la naturaleza cambien de sentido, pasen de la actual orientación posesiva y destructiva a una orientación de respeto y admiración, hace falta un cambio radical de mentalidad, que requiere tiempo y que no puede improvisarse por ley. Es aquí que las estructuras sociales libertarias pueden ayudar a acelerar el proceso. Una sociedad clara y transparente, monetariamente responsabilizada, con mucho tiempo libre, con abundancia productiva y con una gran solidaridad comunitaria hacia los que la necesiten, es una sociedad que no pone trabas a las ideas, a los experimentos sociales, que no condiciona las mentalidades sino que las deja libres y las ayuda en sus iniciativas y que, por tanto, promueve la mutación y la transformación social.

4. La sociedad pacificada.

La guerra no es un hecho connatural al hombre, que se deduzca necesariamente de su naturaleza. Al contrario, la guerra tiene un origen histórico y por tanto, puede tener también un fin histórico.

Parece que los enfrentamientos violentos y organizados entre grupos humanos, existen únicamente a partir del momento que existen poblaciones sedentarias con capacidad de acumulación de bienes utilitarios (esto representaría, aproximadamente unos 10.000 años antes de nuestra era). En las zonas en que, por algún motivo, sobreviene una escasez de recursos, proporcionalmente a la población, ocurren los primeros enfrentamientos con objeto de saquear las despensas de los mas favorecidos.

De todas maneras, estas situaciones parecen excepcionales, predominando las relaciones pacíficas entre grupos. Hasta la edad de los metales, en que se fabrican las primeras armas declaradamente bélicas (en metal) y que se pone ya de manifiesto una clara jerarquización social, parece que no se puede hablar propiamente de guerra en toda la extensión de la palabra.

Con la aparición de la moneda anónima, comienza una etapa cualitativamente diferente en la historia de la guerra, ya que al ejercicio de la fuerza bruta, se añade el ejercicio del poder sutil, mucho mas antilibertario que el anterior.

Como generalización válida para todas las etapas, podemos decir que la guerra es siempre la respuesta a una situación social de compresión antilibertaria -ya sea esta respuesta espontánea, o provocada y canalizada por los intereses de un poder imperialista-. Por este motivo, la desaparición de la moneda anónima en primer lugar y la construcción de estructuras sociales libertarias en todos los ámbitos, en segundo lugar, ha de constituir el primer paso hacia una progresiva pacificación de la sociedad.

En el interior de cada imperio, la Justicia ha de jugar el papel principal en esta tarea de pacificación, ya que ella, a través de su actuación serena y objetiva, por omnidocumentada, es la encargada de pacificar todos los conflictos y confrontaciones que vayan surgiendo.

A nivel de concierto mundial, la situación esta hoy día caracterizada por el llamado armamentismo: bajo pretensiones falsamente estratégico-defensivas, el armamentismo encubre los intereses plutárquicos y opresores de los imperialismos actuales. La única salida viable para un imperio que quiera escapar de esta situación, consiste en:

  1. Reducir el propio armamento al mínimo indispensable;
  2. Trasladar la actual competencia en producción armamentística a competencia en producciones socialmente muy útiles y tecnológicamente muy avanzadas;
  3. Establecer con el resto de los imperios relaciones comerciales muy libertarias, estables y equilibradas -según la fórmula explicitada en el capítulo 15-.

5. El socialismo anárquico.

Mucho mas allá, todavía, que los ideales hasta aquí mencionados, están los ideales del socialismo anárquico: la desaparición de cualquier clase de arquía o mando social y la desaparición de cualquier diferencia de riqueza y prestigio social entre las personas.

De momento, estos dos ideales permanecen aún en el terreno de lo utópico irrealizable, ya que implican unos cambios muy profundos, no solo en las estructuras sociales, sino incluso en las mismas estructuras genéticas-hereditarias del hombre.

De todas maneras, nosotros hemos propuesto dos medidas fundamentales que van precisamente en esta línea: primero, la reducción y limitación constitucionales de toda arquía; segundo, la distribución de finanzas al consumo para todos los ciudadanos, equitativamente, según sus necesidades materiales mas perentorias y con una igualdad total de acceso a los recursos culturales.

No queremos hacer de profetas, pero creemos que estas medidas pueden constituir una base firma a partir de la cual la sociedad puede ir evolucionando cada vez mas libertariamente: los puntos de llegada de esta evolución son insospechables e inimaginables.

Capítulo 17. La sociedad utilitaria-consumidora. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Índice. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Capítulo 19. La sociedad transcendente. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad.

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