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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Capítulo 18. La utopía libertaria. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Índice. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. IV Parte. Introducción. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad.

Capítulo 19. La sociedad transcendente.

  1. Fenómeno y noúmen.
  2. La sociedad transcendente.
  3. Libertades fenoménicas y libertad nouménica.

Todo lo que en esta Tercera Parte hemos ido diciendo hasta ahora, puede incluirse, a grosso modo, dentro del que se denomina «calidad de vida», ya que nos hemos de referir siempre a una posible mejora de las condiciones, tanto materiales como culturales, ambientales como sociales o psicológicas, de la vida del hombre. En una palabra, nos hemos limitado a la dimensión fenoménica de la vida humana, pero, mas allá, hay otra dimensión, de la cual queremos tratar en este último capítulo.

1. Fenómeno y noúmen26

Mas allá del fenómeno, de la apariencia sensible, experimentable a través de los sentidos y expresable a través del habla, hay otra dimensión, propia exclusivamente del hombre: el noúmen, inexperimentable sensiblemente, porque nos es dado en espíritu puro, inexpresable por el habla porque es inconceptualizable e inefable.

El noúmen, nadie sabe lo que es; solo sabemos que se experimenta en la intimidad de manera totalmente gratuita, como fulgurancia ética-transcendente, es decir, como un relámpago que atraviesa todo el ser elevándolo a regiones desconocidas y llenando de sentido vivo toda su vida.

De estas fulgurancias se derivan la alegría de vivir -la felicidad-, el descubrimiento de uno mismo y del otro como ser con un valor inmenso, con una singularidad irreductible y nace la comunión íntima con la persona del otro.

Ahora bien, en cada persona, no puede surgir la libre fulgurancia ética-transcendente, si no se fundamenta en la alegría fenoménica de una estética previa; y no puede elevarse hacia regiones mas altas esta fulgurancia, si no se alimenta de unas mas altos y extensos gozos estéticos.

2. La sociedad transcendente.

Las personas, consideradas en su dimensión nouménica, ética-transcendente, forman el conjunto de la sociedad transcendente.

Es fácil de comprender que de ella forma parte todo el que libremente quiere: toda persona nacida es capaz de experiencia nouménica; solo hace falta que la acepte.

También es fácil de comprender que las actividades concretas a través de las cuales puede expresarse fenoménicamente la vivencia nouménica: actos y gestos de amor, de ayuda desinteresada al prójimo,... no pueden ser retribuidas materialmente sin traicionar su propio espíritu. Por eso, la sociedad transcendente, como tal, es radicalmente amonetaria. En ella, nada se compra ni se vende.

Como es evidente, dentro de la vida transcendente de cada persona, no se puede poner absolutamente nadie y mucho menos el Estado. El campo de acción del político es estrictamente fenoménico: el solo puede incidir en la sociedad fenoménica, que comprende la sociedad utilitaria y la sociedad liberal. El político, nunca puede prometer al pueblo la felicidad, porque esta es una cuestión íntima de cada persona y de su vida ética-transcendente; en cambio, si que puede aspirar a resolver muchas de las causas fenoménicas de muchas penalidades humanas.

Ninguna legislación es posible, pues, en la sociedad transcendente; la única cosa que hay que pedir y constitucionalizar, es la tolerancia y el respeto práctico a la singularidad y dignidad de cada persona.

3. Libertades fenoménicas y libertad nouménica.

Muchas veces, cuando las condiciones sociales-fenoménicas imperantes son antilibertarias, impiden que la vida nouménica de cada persona se exprese libremente, se convierta en acción y vida fenoménica. Incluso, condiciones excesivamente antilibertarias pueden llegar a impedir el descubrimiento de la propia vida nouménica: esto es lo que se llama «alienación».

Cuando decimos que somos libertarios, queremos decir, simplemente, que nuestro objetivo es la protección y promoción de todas las concretas libertades fenoménicas habidas y por haber, a fin de que pueda realizarse sin tropiezos la emergencia de la concreta libertad nouménica de cada persona y su libre expresión fenoménica.

Las concretas libertades fenoménicas cultivadas por el político en la vida diaria -utilitaria y liberal-, crearán las condiciones estructurales-fenoménicas que, lejos de determinar la vida transcendente, lo liberarán en la práctica de sus condicionantes fenoménicos negativos y constituirán el fundamento estético del libre desarrollo de la libertad ética-transcendente en la intimidad de cada persona y en la comunión de todas las personas.


Nota:

26 Fenómeno viene del griego phainómenon, que significa «aquello que se aparece (sensiblemente)»; noúmen viene del griego noúmenon, que significa «aquello que es percibido por el espíritu, sin mediación de ninguna apariencia sensible».

Capítulo 18. La utopía libertaria. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Índice. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. IV Parte. Introducción. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad.

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