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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Anexo I. Análisis de la contabilidad global. Moneda telemática y estrategia de mercado. Índice. Moneda telemática y estrategia de mercado. Capítulo 11. Estrategia fiscal. Moneda telemática y estrategia de mercado.

D. Sistema monetario racional y estrategias de mercado.

Capítulo 10. Una hipótesis sobre estrategia de mercado interior.

  1. Objetivos de este capítulo.
  2. Enunciado general de la hipótesis.
  3. Aproximación a una formulación algebraica de la hipótesis y estrategia consecuente.
  4. Estrategia real del mercado interior.
  5. Socialización del bien común mercantil.

1. Objetivos de este capítulo.

En el capítulo 2, se ha dicho que el sistema monetario es el instrumento de una función importantísima: la estrategia equilibradora del mercado.

El equilibrio del mercado a que se refiere, es aquel que se obtiene cuando al volumen precio-mercantil total (mercancías producidas expresadas por sus precios), le corresponde una masa monetaria de hacienda activa (compras reales de dichas mercancías) exactamente igual. Esto significa, simplemente, que todas las mercancías producidas han sido vendidas, que no hay excedentes ni déficits de producción.

Este equilibrio no se obtiene de manera automática, sino que, por norma general, y debido a la misma dinámica del mercado, el poder de compra disponible es inferior a la capacidad productiva del mercado. Esta situación de desequilibrio debe corregirse mediante una estrategia conocida con el nombre de invención de dinero.

En este capítulo, se presentará un proyecto para la racionalización de esta estrategia, a partir, evidentemente, de la implantación de la factura- cheque telemática como único instrumento monetario legal: esta clase de instrumento es el único que puede proporcionar la información necesaria para dicha racionalización.

El proyecto se presentará bajo forma de hipótesis de trabajo sobre el mercado, hipótesis que deberá ponerse a prueba experimentalmente; prueba realizable, precisamente, gracias a la implantación de la factura-cheque telemática.

2. Enunciado general de la hipótesis.

La hipótesis que sirve de base a la estrategia que se propondrá, la llamaremos «hipótesis de la invención política de dinero comunitario, en función de los excedentes de producción» o, brevemente, «hipótesis del bien común mercantil».

Consiste en postular, en el mercado:

  1. Una insuficiencia crónica de poder de compra;
  2. La presencia activa de unas fuerzas de producción comunitarias no remuneradas por el mercado;
  3. Y, como consecuencia, la posibilidad de inventar un poder de compra comunitario remunerador de aquellas y equilibrador del mercado.

En realidad, la constatación de una insuficiencia crónica de poder de compra en el mercado, más que una hipótesis, puede decirse que es un hecho casi evidente a cualquier observador objetivo. Se trata de sub-consumo y de sub-inversión, es decir: de excedentes no vendidos de mercancías de consumo y de mercancías de inversión, realmente ya producidas y de calidad tecnológica que las hace vendibles.

Es esta constatación práctica la que guía a los Bancos en su actividad diaria: la concesión de créditos no es más que el aprovechamiento inteligente de una sobreabundancia productiva desaprovechada por falta de poder de compra. Los enormes beneficios de los bancos son buena prueba de que la invención de dinero es absolutamente necesaria para el mercado.

Es también esta insuficiencia crónica de poder de compra la que explica la deuda pública de todos los Estados contemporáneos. La deuda pública no es otra cosa que la invención de dinero por parte del Estado, para hacer frente a las necesidades presupuestarias: esta invención debe estar basada, en principio, en las capacidades productivas de toda la sociedad geopolítica; si no fuese así, ya haría mucho tiempo que los Estados se encontrarían en quiebra total.

El fenómeno complementario a la insuficiencia de poder de compra, es el de la presencia de unas fuerzas productivas muy importantes, pero no remuneradas por el mercado histórico y actual. Este fenómeno ha sido estudiado últimamente bajo el nombre genérico de factor residual. Algunos economistas se dieron cuenta de que la producción total de una sociedad geopolítica tecnológicamente desarrollada, no podía explicarse completamente recurriendo a los factores clásicos de producción: trabajo y capital. La porción inexplicada se atribuyó entonces a un «factor residual» de producción, más o menos desconocido e incualificado, pero asimilado generalmente al progreso y acumulación tecnológicos y culturales de cada sociedad.

La novedad que aquí se presenta, respecto a la formulación de este factor residual, radica en dos núcleos principales:

  1. La posibilidad, gracias a la factura-cheque telemática, de llegar a una medición exacta y precisa del factor residual, debido a los datos analíticos-estadísticos proporcionados continuamente por la red monetaria telemática.
  2. La acentuación de la naturaleza comunitaria de este factor residual, llamado aquí bien común. Con una visión amplia -y, evidentemente, sometida al contraste experimental tan pronto como esté en marcha la factura-cheque telemática-, el factor residual puede ser identificado con las múltiples dimensiones comunitarias de todo proceso productivo: la libertad, la paz, la cultura acumulada, la libertad de información, la innovación tecnológica, los inventos pasados a dominio público, etc. Todo ello son logros comunitarios que, de manera natural, espontánea y expansiva, potencian el rendimiento de los actos de producción. De este reconocimiento fundamental se deriva una consecuencia política importantísima: la posibilidad de inventar un poder de compra, que remunere estas fuerzas productivas comunitarias, ha de convertirse también en un patrimonio comunitario.

Dejaremos de lado, de momento, todas las implicaciones directamente políticas de este planteamiento, para dedicarnos exclusivamente a su vertiente técnica.

3. Aproximación a una formulación algebraica de la hipótesis y estrategia consecuente.

A. Estrategia auxiliar de mercado.

Hay una condición previa a la formulación de cualquier equilibrio estratégico del mercado: es una condición puramente logística, indispensable si se quiere controlar la efectividad de la estrategia escogida y la validez de la hipótesis propuesta.

Esta condición la llamamos estrategia auxiliar de mercado, y se trata, sencillamente, de establecer un equilibrio total entre la masa monetaria abstracta en circulación y la masa valórica medidora de todas las mercancías intercambiadas.

Este equilibrio se establece automáticamente en un régimen monetario de factura-cheque, mientras que no se cumple de ninguna manera en el sistema monetario actual.

Efectivamente, en cada factura-cheque elemental se consigue que las unidades monetarias implicadas se correspondan perfectamente a los valores mercantiles de las mercancías intercambiadas. Si eso sucede en cada factura-cheque, también sucederá en el mercado global, cuando toda transacción sea mediatizada por factura-cheque.

En el sistema monetario actual, por el contrario, de las unidades monetarias en circulación no se sabe nunca a qué corresponden, ya que es posible realizar movimientos monetarios en el vacío, eso es, sin movimiento correlativo de mercancías; y además de forma completamente indocumentada.

Únicamente si la masa monetaria en circulación corresponde exactamente al valor de las mercancías intercambiadas, expresado en precios (valores precio-mercantiles) y salarios (valores salario-mercantiles) es posible preguntarse por otros equilibrios de mercado. Este primer equilibrio, por más que sea formal, es indispensable, ya que es la garantía de que el espejo del sistema monetario produce imágenes exactas a la realidad del mercado. Y sin imágenes exactas y fiables, es impensable diseñar estrategias eficaces para el mercado, así como controlar los resultados.

B. Los canales de salida del mercado productivo interior.

Antes de continuar avanzando, es necesario que nos paremos para considerar cuales son los sectores donde, estratégicamente, es más conveniente situar la invención de dinero equilibrador del mercado.

Hay que recordar aquí los análisis del capítulo anterior, en que se establecen dos ciclos principales del mercado: el ciclo de la producción y el ciclo del consumo. En el ciclo de la producción se establecieron tres subciclos denominados de la siguiente manera: el subciclo de la producción corriente, el subciclo de la producción inversiva, y el subciclo del comercio y las industrias al por menor.

De todos estos ciclos y subciclos, el subciclo de la producción corriente es el básico y fundamental, el motor de todo el mercado, ya que él alimenta a todos los otros, o sea, tanto alimenta a los otros dos subciclos de la producción, como al ciclo del consumo (a éste por la vía indirecta del subciclo del comercio y de las industrias al por menor).

Por otro lado, todos los valores precio-mercantiles, producidos en el subciclo de la producción corriente y del comercio al por mayor, van a parar finalmente, sea por vía directa al subciclo de la producción inversiva, sea por vía indirecta, al ciclo del consumo.

Por este motivo, diremos que el subciclo de la producción inversiva y el ciclo del consumo constituyen los canales de salida del mercado productivo interior, es decir: los lugares por donde salen y donde van a parar toda la producción corriente y todo el comercio al mayor.

Si estos dos canales de salida funcionan bien, y si son capaces de absorber toda la producción del subciclo de la producción corriente, éste gozará también de buena salud y podrá crecer y desarrollarse. De manera que la buena salud de los canales de salida es fundamental de cara al funcionamiento de todo el mercado.

El objeto de toda esta reflexión era el de delimitar los ciclos y subciclos del mercado en que sería más oportuno inyectar el dinero estratégicamente inventado. La conclusión de todo lo que se ha dicho es que esta inyección se ha de hacer en el subciclo de la producción inversiva y en el ciclo del consumo, los dos canales de salida del mercado interior: es aquí donde el poder de compra inventado puede resultar más dinamizador de todo el mercado.

Esto no significa que en otros sectores del mercado no sea necesario o no se pueda inventar poder de compra. Significa únicamente que la invención de poder de compra de estos otros sectores no es tan prioritaria, y por lo tanto no es necesario que sea objeto de estrategia monetaria comunitaria, sino que puede continuar ejerciéndose privadamente, a través del sistema bancario, como hasta ahora.

C. Cálculo.

El cálculo de la cantidad de poder de compra que hay que inventar para reequilibrar estratégicamente el mercado de su insuficiencia de poder de compra, de inversión y de consumo, se basa en la simple consideración de los excedentes de producción inversiva y consuntiva existentes en el mercado en cada momento dado, clara expresión de una capacidad productiva desaprovechada por falta de poder de compra, y de fácil y seguro conocimiento a través de la implantación de la factura-cheque telemática.

En el subciclo de la producción inversiva, tendríamos entonces:

El poder de compra inversivo a inventar es igual: a las ventas potenciales en inversión menos las compras reales en inversión.

Las ventas potenciales se obtienen por declaración de las propias empresas productoras de mercancías inversivas. Las compras reales se obtienen por la simple suma de las facturas-cheque de inversión correspondientes al período considerado (dinero privado inversivo activo).

Igualmente, en el caso del ciclo de consumo, tendremos:

Poder de compra de consumo a inventar es igual: a las ventas potenciales en consumo menos las compras reales en consumo.

Las ventas potenciales se obtienen aquí por la suma de todas las facturas-cheque de los comercios e industrias al por menor a sus proveedores, suma a la cual hay que añadir el margen comercial mínimo de estos comercios e industrias. Las compras reales se obtienen, como en el caso anterior, por la simple suma de las facturas-cheque de consumo (dinero activo de consumo).

4. Estrategia real del mercado interior.

Resumiendo todo lo que se ha dicho hasta aquí, la estrategia de mercado que se propone consiste en inventar, de manera rigurosamente cuantificada, un poder de compra que, en función siempre de los excedentes de producción presentes en el mercado, se inyectará en dos sectores clave: el de la producción inversiva y el del consumo.

Esta invención ha de poner remedio a la insuficiencia crónica de poder de compra que sufre el mercado, reequilibrándolo y dándole nueva vitalidad.

Hasta ahora, la invención de dinero ha sido una función llevada a cabo por los Bancos y por los Estados. Ahora bien, el hecho de que no exista un sistema monetario informativo significa que ni los Bancos ni los Estados pueden elaborar su estrategia de acuerdo con un conocimiento exacto de la realidad mercantil.

En consecuencia, muchas veces la estrategia resulta desequilibradora porque:

  1. No es global ni integrada a nivel de toda la sociedad geopolítica;
  2. No es exacta, sino casi siempre excesiva o deficitaria, provocando así las conocidas crisis de inflación y deflación monetarias;
  3. El poder de compra inventado no va a parar finalmente a aquellos sectores sociales y mercantiles donde haría falta para equilibrar el mercado.

La simple puesta en marcha de un sistema monetario telemático permite poner remedio a todos estos inconvenientes. La factura-cheque telemática es la base:

  • de la confirmación o infirmación experimental de la hipótesis de la posibilidad de inventar dinero en función de los excedentes de producción;
  • y, en caso de confirmación, del conocimiento exacto y preciso del alcance de esta posibilidad.

De esta manera la estrategia de invención de dinero puede llegar a ser, por primera vez, racional y científica.

Ahora bien, la técnica puramente métrica-monetaria de la invención de dinero, que se resuelve por la simple inscripción de cifras en una cuenta corriente, es a la vez un instrumento potentísimo de política económica. Es por ello que suscita gran cantidad de cuestiones.

Efectivamente esta invención de dinero tiene que englobarse coherentemente en el marco de una opción política que determine los sujetos y los límites de la acción monetaria; y debe dotarse de las medidas técnicas que garanticen el cumplimiento de los objetivos políticos.

Como ya se ha señalado en diversas ocasiones, no es aquí donde se explicitará con detalle el ideario político subyacente a la praxis monetaria que se propone. Pero sí que se darán algunas pinceladas, y, sobretodo, se enumerarán algunas de las medidas técnicas que, con la finalidad de conseguir los objetivos perseguidos, deben aplicarse directa o indirectamente sobre la organización del sistema monetario.

El próximo apartado se dedicará a la exposición de estas medidas.

5. Socialización del bien común mercantil.

Según la hipótesis expuesta, la capacidad de inventar dinero se explica por la existencia, en el mercado, de unas fuerzas de producción de naturaleza comunitaria, unas fuerzas comunitarias que no son remuneradas adecuadamente y que se traducen en excedentes de producción no vendibles.

Estas fuerzas comunitarias de producción no son ningún misterio, sino que pueden explicarse de diferentes maneras.

Una explicación factible es la que considera el esfuerzo productivo de las generaciones pasadas. Por ejemplo, nadie paga royalties para poder construir o utilizar una rueda.

Otra explicación posible es la que tiene en cuenta el nivel cultural global de una comunidad: la sabiduría, la paz, la cultura, la educación, el desarrollo técnico, el bienestar social, psicológico, material... son factores que, indirectamente, pero innegablemente, contribuyen en gran medida a elevar la productividad de cada comunidad humana.

Otro factor importante a tener en cuenta es la libertad mercantil. Cuanto más libremente puede organizarse un mercado, disponiendo de toda la información estadística, exacta y exhaustiva, mayor es su vitalidad, y mayor es, pues, su capacidad de generar excedente mercantil.

No se pretende dar aquí una explicación rigurosa y completa sobre la actuación de los agentes de producción comunitarios; se quiere, simplemente, recalcar que todos estos factores activos de producción no pueden ser considerados como propiedad privada de nadie, sino que son patrimonio de toda la comunidad. Es por este motivo que se propugna la socialización de este bien común.

La socialización del bien común no significa, de ninguna manera, la socialización de los excedentes de producción,los cuales pertenecen a cada libre productor. Por socialización del bien común mercantil se entiende que la capacidad de inventar dinero en función de los excedentes de producción inversiva y de los excedentes de los comercios e industrias al por menor, es patrimonio de la sociedad geopolítica: ésta, a través de su gerente -el Estado-, es la única con capacidad constitucionalmente reconocida para inventar dinero en función de los excedentes de producción inversiva y de consumo.

Pero hay que distinguir claramente esta invención socializada, de la invención, bancaria de dinero, que podrá continuar existiendo paralelamente a ella. La clave de esta distinción fundamental radica en las diferentes garantías monetarias que dan soporte a los diferentes tipos de invención de dinero.

Tradicionalmente, los bancos han usado indiscriminadamente de los llamados recursos ajenos como garantía de sus créditos. Aquí se propone, en cambio, limitar el campo de acción de estas entidades privadas a los recursos propios, o contractualmente cedidos a ellas a tales efectos.

La garantía abstracta-monetaria de la invención comunitaria de dinero estará constituida por todos los saldos positivos diarios de todas las cuentas corrientes «a la vista» (dinero no gastado o pasivo). Estos saldos no podrán ser utilizados por los Bancos, sino que serán considerados como un ahorro comunitario del cual únicamente la sociedad geopolítica, a través del Estado en tanto que gerente, podrá servirse. Esta situación puede llamarse socialización de todos los libres saldos positivos diarios de todas las cuentas corrientes (a la vista). «El ahorro privado total es un bien comunitario».

Los establecimientos contables llevarán la gestión de las cuentas corrientes pero nunca podrán conceder préstamos ni realizar ningún tipo de operación basada en sus saldos positivos.

Conclusión: en materia de invención de dinero hay que distinguir dos prácticas y técnicas muy diferentes:

  1. El llamado préstamo bancario, realizado privadamente por los Bancos de Negocios, de acuerdo con unas técnicas muy antiguas, pero con una garantía limitada a los capitales y reservas propias o específicamente cedidos a ellos para tal fin (depósitos a plazo). Todo préstamo bancario contiene una cláusula de devolución del capital a plazo fijo.
  2. La invención comunitaria de dinero, bajo dos formas:
    • créditos comunitarios a la inversión, en función de los excedentes de producción inversiva.
    • finanzas comunitarias al consumo, en función de los excedentes de producción de los comercios e industrias al por menor.

Las dos formas (créditos y finanzas comunitarias) contarán con la garantía auxiliar de los libres saldos positivos de las cuentas corrientes a la vista. La contrapartida de la socialización de estos saldos, que permite la invención de dinero comunitario, será la asignación de un «interés comunitario» (por ejemplo del 6%), a cada saldo positivo, siempre a libre disposición de su propietario privado.

Anexo I. Análisis de la contabilidad global. Moneda telemática y estrategia de mercado. Índice. Moneda telemática y estrategia de mercado. Capítulo 11. Estrategia fiscal. Moneda telemática y estrategia de mercado.

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