Portada.
2. Bardina y la renovación pedagógica en Cataluña. Joan Bardina, un revolucionario de la pedagogía catalana. Índice. Joan Bardina, un revolucionario de la pedagogía catalana. 4. Libertad, tiempo y educación en Joan Bardina. Joan Bardina, un revolucionari de la pedagogia catalana.
3. Bardina y la renovación pedagógica en Cataluña.
Buenaventura Delgado.

Se ha dicho en otra parte de este trabajo que Bardina sustituyó las lides políticas en las que tomó parte activa desde muy joven, por las actividades pedagógicas, al convencerse de que, para la recuperación y regeneración de la personalidad catalana, el campo de la educación era mucho más operativo que el político1. Como a tantos hombres de su generación, a Bardina le decepciona la política y cree firmemente que la educación posee un valor salvífico, es la panacea y receta contra la decadencia, contra los desastres nacionales, las injusticias sociales y todos aquellos defectos que, en general, con actitud excesivamente acre, a veces, y con tendencia a la desmesura, ven en España los regeneracionistas del 98, a cuyo grupo pertenece Bardina.

Durante diez años -de 1902 a 1911- interviene como un torbellino en todo lo referente a la cultura y a la educación catalanas: campañas periodísticas, congresos, instituciones pedagógicas, programas pedagógicos de los partidos políticos, revistas especializadas, cursos, conferencias y reuniones le absorben su tiempo, a la vez que las clases particulares pro pane lucrando y el estudio.

Bardina, hombre de acción y de gran magnetismo personal, se mueve en las coordenadas de la filosofía espiritualista y voluntarista que tan profunda huella imprime al movimiento renovador de la escuela2. A principios de siglo existen fundadas esperanzas para creer en una próxima autonomía concedida a Cataluña por el poder central. Una vez conseguida la tan inminente y anhelada autonomía, ¿cómo se prepara Cataluña en el terreno educativo?. ¿Con qué hombres y con qué estructuras se puede contar para esta nueva organización?. ¿Qué tipo de educación se va a impartir entonces, la antigua o la moderna?.

Estas cuestiones de vital trascendencia aborda Bardina en una conferencia pronunciada en el Ateneo Autonomista del Distrito VI, el 28 de noviembre de 1908. Hay que seguir el ejemplo de los países que, desde hace tiempo, se han tomado muy en serio la educación nacional; en los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, «la educación hace allí un segundo y mayor milagro: va transformando aquel bloque colosal de conglomerados amorfos, en personalidad nacional definida, con todas las fuerzas que da aquella personalidad3».

Joan Bardina piensa certeramente que la autonomía pedagógica no es más que una condición previa, una plataforma, pero no «un maná que alimenta; és, solsament, una arma: podem usarne bé y mal. Es una qüestió imprescindible, essencialíssima; pero previa, res més que previa4». El que se imparta una educación de calidad no depende esencialmente del grado de autonomía de que goce la escuela, sino de otras muchas variables, más importantes, quizás5.

Algo semejante ocurre con la lengua en que se imparte esta educación; autonomía y lengua catalana en la escuela son necesarias, pero no resuelven el problema de la educación. «La cuestión de la lengua en la escuela es una gran cuestión; pero no es toda la cuestión. Es una condición para hacer educación honda. No es la educación honda. Resuelve el problema lingüístico y nada más, no queda resuelta la cuestión educativa; no queda ni siquiera abordada. La lengua, como la autonomía, son condiciones esenciales de vida; no son, sin embargo, la vida6». Bardina viene preparándose y preparando intensamente al equipo que, a su juicio, llevará a cabo esta gran misión cuando suene la hora de la autonomía. Cree que nadie podrá discutirle la primacía con una mejor hoja de servicios y está convencido de que en Cataluña no existe equipo más y mejor preparado que el que él alienta. «Hace tres años que -afirma Bardina en la citada conferencia- apartados de las luchas periodísticas que con tanta actividad sostuvimos en pro de la Educación, nos dedicamos de lleno al estudio y a la práctica de las grandes cuestiones pedagógicas, allá, en un rincón del mundo, en la Escuela de Maestros; rincón de donde saldrá la luz y el fuego a no tardar mucho (...). Allí, meditando las grandes cuestiones de la Educación nueva, estamos trabajando en una empresa pesada, pero grata: la resolución en Cataluña de los grandes problemas educativos para que, al llegar la Autonomía y la Libertad, no nos quedemos con las manos atadas por la ignorancia; para que no hagamos una Educación falsa, creyendo que todo se resuelve con prácticas y hablando nuestra estimada lengua7».

Su ambición era poder ofrecer, llegado el momento deseado, a los poderes públicos autónomos, un plantel de educadores forjados en consonancia con las exigencias de la nueva educación, y capaces de organizar y de resolver definitivamente la cuestión pedagógica. Los resultados y frutos de esta nueva educación serían purificar los individuos, potenciar la raza y hacer «un poble fort de cos, perseverant de voluntat, emprenedor de caracter, de vida intensa, rich en tota mena de riquesa y de salut. Y vessarem com riuada la força y la potencia, y imperarem sobre Espanya ab el ceptre de la civilisació8».

Bardina y Prat de la Riba.

Al comienzo de las campañas de Bardina en La Veu de Catalunya, Prat de la Riba le escribió una carta desde Suiza donde se reponía de una grave enfermedad, ofreciéndosele para colaborar y organizar la cuestión educativa9. Podemos reconstruir parcialmente las relaciones de Bardina con el gran político catalán a través de las cartas que el archivo familiar de Prat de la Riba conserva del samboyano; guarda, en total, 21 cartas, la primera de las cuales está fechada el 6 de mayo de 1902.

A primeros de diciembre de 1902 debió escribirle Prat pidiéndole información sobre lo que podría costar el montaje de una escuela moderna. Bardina era el hombre del día en el terreno pedagógico en Barcelona; el 11 y el 14 del mismo mes contesta Bardina con sendas cartas. El presupuesto de una escuela verdaderamente moderna y bien equipada puede depender de múltiples factores; aparte los gastos del material escolar, de los libros de texto, de los gastos de electricidad, de la retribución al profesorado, etc., el presupuesto de una escuela de ocho a diez aulas varía según las condiciones del local -viejo o construido exprofeso-, de su ubicación en el casco antiguo o en la zona del ensanche, o bien en el extrarradio, o en una localidad cercana a Barcelona. Varía también según que vaya destinada a hijos de obreros y, por tanto, sea gratuita, o bien semigratuita.

Otro problema con el que conviene contar es el de los libros de texto que, a juicio de Bardina, debieran ser concebidos y escritos según un plan cíclico de enseñanzas; si es así, habría que editar unos diez libros distintos.

En cuanto a la retribución de los maestros, se debería tener en cuenta si esta hipotética escuela moderna sería regentada por maestros pagados, o bien por voluntarios, o ayudados por auxiliares, según la costumbre de la época; un maestro con un centenar largo de alumnos solía contar con uno o dos auxiliares.

A fines del mismo mes de diciembre escribe de nuevo Bardina comunicándole que sigue trabajando en el Pressupost de l'Escola. No cabe duda de que el capítulo escolar ocupaba un lugar importante entre las preocupaciones de Prat de la Riba, el cual no pretendía otra cosa que hacerse una idea del coste de la «operación escuela». En el resto de las cartas no se vuelve a aludir al tema; probablemente Prat dejó de preocuparse del Pressupost, o bien tuvo suficiente con los datos generales suministrados.

Un año después10, le escribe de nuevo Bardina indicándole que muy pronto le enviará una lista de personas con las que se podría contar para la elaboración de los libros de texto; en esta lista incluiría también nombres de dibujantes y fotógrafos entre los que poder elegir. Bardina le comunica igualmente que hará,

«a ratos perduts, las bases concretes sobre les quals s'haura d'escriure cada assignatura, pera entregarla en son dia als encarregats de fer els llibres, bases pedagògiques sols, naturalment. Quan seran fetes, las hi enviaré, per si las trova reformables». No es necesario decir que estas bases pedagógicas fueron exclusivamente elaboradas por el pedagogo; poco podía aportar Prat de la Riba en este terreno; difícilmente podía comprender la idea de Bardina de escribir una serie de libros de acuerdo con un plan cíclico. Lo que sí podía aportar Prat era su enorme sentido práctico lanzando a Bardina para que redactase las normas a las que habrían de atenerse los nuevos textos escolares. Bardina escribió a las principales editoriales extranjeras (Garnier, Hachette, Delagrave...) pidiendo catálogos y ejemplares de libros escolares, antes de ponerse a redactar las bases; no creyó nunca en el libro de texto como en la solución a todos los problemas de la escuela; no podía creer, como buen pedagogo, que el libro era la panacea; al libro de texto lo juzgaba en su justo valor como un auxiliar, importante sin duda, pero auxiliar.

En otra carta le recomienda Bardina las personas que podrían hacer los primeros libros: Jové, para la Gramática Castellana, pensada sobre la base de la Catalana; Vives, para la Aritmética, y Font, un ex-seminarista de Gerona especialista en Ciencias y familiarizado con las revistas científicas extranjeras11.

Además de los libros de texto, sobre los que sigue trabajando durante 1904, preocupa a Bardina el pupitre escolar; con el tiempo llegó a diseñar uno para la Escola de Mestres fabricado por los mismos alumnos12.

A principios de 1904 terminó las Bases generals per als llibres de text, dos copias de las cuales se conservan en el archivo de Prat de la Riba13. Cada escuela sería organizada en seis cursos graduados, prescindiendo de las aulas de párvulos y de ampliación; cada curso tendría un solo libro de texto -seis en total por tanto-, en cada uno de los cuales, de forma progresiva, se desarrollarían las mismas materias, graduando la extensión e intensidad; de esta forma, por ejemplo, el libro de sexto curso para niños de 12 años, trataría las mismas materias y en el mismo orden que el libro del primer curso, destinado a niños de seis años. Las ventajas pedagógicas son obvias; con este enfoque se lograba la graduación del aprendizaje, a la vez que; se evitaban los saltos injustificados, la dispersión y desconcierto al abordar materias nuevas, olvido de lo aprendido de un curso para otro, etc.

Las materias a estudiar en cada curso serían: Higiene, Doctrina Cristiana, Economía, Derecho, Geografía, Historia, Ciencias Naturales, Física, Cosmografía, Aritmética, Geometría, Catalán, Francés y Castellano, catorce materias en total, que podrían resumirse en diez o doce. Si desde el punto de vista pedagógico era bueno el plan, desde el punto de vista práctico presentaba ciertas dificultades; cada texto debía ser, en cierto modo, voluminoso y no sería sencilla la coordinación de los distintos autores encargados de cada materia. La lectura, la escritura, el dictado y el dibujo no necesitaban libros de texto. Quizás estas objeciones aconsejaron la edición de los libros independientes, como tendremos ocasión de ver.

Tras madura reflexión, Bardina llegó a la conclusión de que cada libro de texto y cada materia debía tratarse bajo cinco aspectos claramente diferenciados:

  1. Una parte mnemotécnica o de memoria.
  2. Una parte explicativa.
  3. Una parte sintética.
  4. Una parte gráfica.
  5. Una parte práctica.
En la primera, el autor consignará lo que, a su juicio, considera más importante; será poco y el alumno lo deberá aprender de memoria. Como orientación aconseja lo siguiente:
  1. Que el autor medite las palabras que ha de poner, sin consignar nada más que las necesarias. Cada palabra recordará al alumno alguna aclaración o demostración del libro, o bien alguna explicación del profesor.
  2. Las palabras repetidas en la asignatura pueden ponerse abreviadas; para mayor concisión, puede usarse un lenguaje no demasiado sintáctico, con tal de que sea claro.
  3. Evitar las repeticiones inútiles; evitar colocar «los corolarios como principios o viceversa».
  4. Las preguntas y respuestas seguirán el método expositivo.
  5. En cada punto el autor utilizará indistintamente el método analítico o sintético, según crea conveniente; «en el primer caso, comenzando por un ejemplo y acabando por la definición o teorema; y en el segundo, al revés».

  6. «Las definiciones han de ser, antes que exactas, claras y cortas; si esto no es posible, es mejor suprimirlas poniendo en su lugar una explicación vulgar».
  7. Todos los libros han de escribirse en catalán, siguiendo unas mismas normas ortográficas.
Por lo demás, cada autor tenía libertad incluso para prescindir del orden lógico, si lo creía conveniente; «l'ordre logic, en llibres de text per a nois, a voltes és el més gros obstacle per a la bondat del llibre».

La parte explicativa comprende las aclaraciones, demostraciones, símiles, ampliaciones, etc., que ayudan a la mejor comprensión; para que pueda ser extensa irá en letra menuda y con ilústraciones, a continuación del texto mnemotécnico al que explica o demuestra.

En las normas prácticas aconseja Bardina no despreciar las explicaciones o símiles vulgares; «com més vulgar millor, fugint d'abstraccions y cosas superiors». Generalmente debe seguirse el camino analítico multiplicando los casos particulares. Al mismo tiempo podrá usar el método concéntrico relacionando cada punto con los anteriores o posteriores, bien de la propia asignatura o de otras, para lo cual se facilitaría a los autores el índice de los restantes libros de texto.

La parte sintética comprendía los cuadros sin ópticos, fórmulas, esquemas, etc., en los que se resume lo explicado para poder fijarlo mejor en la memoria. Esta parte iría mezclada con la práctica y en letra bastardilla.

La parte gráfica la constituyen los grabados, los croquis intuitivos, etc. En esta parte conviene no escatimar los grabados, intentando poner, como mínimo, seis por página.

En el caso de que el autor no sepa dibujar con facilidad, debería explicar convenientemente lo que desea que el dibujante haga. Además de los dibujos que generalmente ilustran los libros de texto, pondrían otros que sean prácticos; en Geometría, por ejemplo, edificios, en Gramática, objetos, en Educación Cívica, dibujos simbólicos, etc.

En el caso de una ilustración importante el autor habría de especificar las dimensiones que tendría en el texto y las que tiene en la realidad, lo cual es sumamente importante cuando se trata de animales, plantas, máquinas, etcétera.

Estas partes deben estar concebidas de modo que el alumno vea las consecuencias prácticas inmediatas de lo que está haciendo; al hablar, por ejemplo -aclara Bardina-, del elefante y del marfil, se indicarán sus utilidades, y en los dibujos deben aparecer los objetos conocidos para los que sirve el marfil. «Además de este aspecto práctico general, existe una parte práctica especial que podrá acompañar a muchos párrafos, aunque no a todos, por no prestarse a determinadas materias. Esta parte especial práctica consistirá en cuadros, listas, tablas, etc., en que consten detallados los datos prácticos que puedan interesar, pero que no sea posible hacer aprender de memoria, por ejemplo, tratándose del calor (Física), los coeficientes de dilatación de las cosas más usuales; en Francés, los principales nombres que tienen h inicial sonora; en Derecho, los artículos literales más interesantes que crea el autor (artículos del derecho actual vigente); en Doctrina, el Santoral Catalán; en Aritmética, fórmulas claras para abreviar problemas; en Higiene (pública), estado higiénico de las naciones más avanzadas; en Geometría, fórmulas de la superficie y volumen de las cosas, etc».

Estas cuatro últimas partes habrán de ser como un apéndice de la primera; cada párrafo deberá ir numerado de manera que todas las materias que forman parte de un mismo libro puedan interrelacionarse siguiendo el método concéntrico.

Bardina calculaba que la materia más extensa -la Aritmética y la Geometría- debería constar de no más de un centenar de párrafos y el resto de materias, unos 60; formando en total cada materia alrededor de 30 a 35 páginas.

Cada autor redactaría tan sólo el texto del último curso; los otros cinco serían extractados de éste por un maestro o por una comisión pedagógica. Posteriormente el autor del primero podría revisar los cinco restantes y hacer las observaciones que creyese conveniente.

Un detalle más: se haría un programa-cuestionario aparte de cada materia con preguntas relacionadas con uno de los párrafos numerados del texto; estas preguntas no serían directas, sino indirectas, de carácter indefinido y en relación con las distintas materias tratadas.

Para mejor comprensión de estas «Bases pedagógicas» Bardina confeccionó, a modo de ejemplo, cuatro folios referidos a otras tantas materias: Gramática Catalana, Derechos y Deberes, Geometría e Higiene.

Sin pretender realizar un análisis exhaustivo y pormenorizado, estas «Bases» contienen numerosos aciertos útiles hoy día en la confección de los libros de texto. Con estas o parecidas bases podría elevarse el nivel pedagógico de los libros escolares, evitando, por ejemplo, las repeticiones inútiles, el vocabulario distinto y, en ocasiones contradictorio de los libros de distinto nivel de una misma editorial; se evitaría también el enfoque divergente de la exposición, de la metodología, de los ejercicios prácticos, el desequilibrio entre unas partes y otras... No es nada descabellada la idea de Bardina de que, aparte del especialista, intervenga en la redacción definitiva un maestro o una comisión pedagógica.

Otras ventajas son el carácter concéntrico e ÍnterdisciplÍnar de los libros pensados por Bardina, la parte mnemotécnica que permite al alumno fijarse en los aspectos más importantes, ayudándole a distinguir lo esencial de lo accesorio, el uso alternativo del análisis, síntesis y aplicación práctica de lo aprendido, el aprecio del lenguaje coloquial huyendo del academicismo y tecnicismo innecesarios en los niveles elementales de la escuela, el esquematismo del texto, la abundancia de ilustraciones... Más discutible sería el orden establecido en las distintas partes del texto, el uso de distinta tipografía, la brevedad de las materias, lo apretado de las páginas, etc.

Estas «Bases pedagógicas» fueron escritas y ciclostiladas por el propio Bardina en las oficinas de la Lliga Regionalista. Del proyecto inicial tan sólo se publicaron unas cuantas obras; he visto la Aritmètica Pedagógica Catalana. Curs Superior. Llibre de Text y un Qüestionari pràctic de la misma materia, volúmenes escritos por Vives-Cornet y publicados en 190514; Historia Sagrada Educativa de la esposa de Bardina J. Soronellas (1905); Gramática Pedagógica de la Llenga (sic) Catalana, grados elemental y superior, ambas de Bardina y aparecidas en 1907, libros todos ellos elaborados según las citadas «Bases pedagógicas».

Paralelamente a la redacción de los libros de texto pensó Bardina, de acuerdo con Prat, constituir un Patronato de Escuelas Catalanas encargado de aglutinar los esfuerzos dispersos que por doquier surgían en toda Cataluña. En la Memoria del Curs 1906-07 de la Escola de Mestres afirma Bardina que él se encargó de la organización técnica y pedagógica del Patronato, mientras que Prat lo hacía de la estructura, del personal y de la parte económica del mismo, lo cual, a la luz de las cartas comentadas, no es exacto. Tan sólo se trata de una deferencia cortés respecto al líder de la Lliga. En estas cartas habla Bardina del «Patronato de Escuelas», de una Memoria y de la «Organització d'Escoles Cícliques Catalanes», nombres distintos referidos a un mismo trabajo de Bardina que no llegó a ver la luz por no considerarlo oportuno Prat de la Riba.

Por primera vez habla Bardina de este trabajo en carta del 3 de enero de 1904; en ella comienza felicitando a Prat por su artículo en La Veu que «'m vá alegrar molt -dice Bardina- puig significa el retorn á la vida pública del qui ha de fer possible la realisació de las Escolas Catalanas». No era Prat el único preocupado por las escuelas catalanas, ni el primero; el Dr. Jerónimo Estrany había sido encargado de establecer una escuela catalana subvencionada por la que Bardina llama «Cooperativa Catalana de Monjas»; al no desear crear una escuela rutinaria más, el Dr. Estrany «volía enterarse dels plans nous», escribe Bardina, es decir, de las directrices más modernas de la Pedagogía. El Dr. Jerónimo Estrany hacía gestiones para fundar las Escuelas del Distrito VI de la calle del Carmen, introductoras en Barcelona de interesantes novedades pedagógicas. Anteriores a estas escuelas catalanas era el Col·legi Sant Jordi -considerada la primera escuela catalana moderna-, fundado por Flos i Calcat en 1898. Un año después se constituyó la Asociació Protectora de la Ensenyança Catalana, encargada de fomentar la creación de escuelas catalanas; subvencionaba a escuelas qué lo solicitaban, editaba libros escolares en catalán y contaba con numerosos socios protectores dentro y fuera de España. No obstante, en la época a que nos referimos la Protectora estaba en sus balbuceos y no contaba con el apoyo y fuerza que tendrá durante los años de la Mancomunidad de Cataluña; en los primeros años de siglo las iniciativas de creación de escuelas catalanas eran dispersas y faltas de cohesión, por lo que Bardina transmite a Prat la idea del Dr. Estrany: «aniría mellor que tots els que fan Escoles Catalanes anessin units baix un plan general», idea con la que Bardina estaba de acuerdo y le impulsaba a concluir su plan general de escuelas. En la misma carta -recordemos la fecha de enero de 1904- escribe:

«Ara estich ampliant una Organisació d'Escolas. Cíclicas Catalanas, que tenía embastada; y quam estiga acabada (crech d'aquí unes 8 días), (...) vindré á visitarlo ab aquestas Bases, per si té un rato de vaga pera pasarhi 'ls ulls. Tracta (en resúm) dels noys, mestres, llibres, locals, horaris, assignaturas, metodes moderns y educació integral, pera dar una idea exacte als patrons, si convé algún día».

En otras cartas vuelve Bardina a aludir a su Memoria; en una de ellas dice que podría publicarla dedicándola a Ramón Monegal, industrial protector de las Escuelas del Distrito VI; en otra le comunica que los dirigentes del Instituto Obrero le han ofrecido publicar su Memoria, oferta que Bardina desecha siguiendo el criterio de Prat de la Riba15.

Creada la Lliga Regionalista en 1901, no podía excluir de su programa político la creación de escuelas, puesto que no había partido político importante de Barcelona que no contase con su propia red de escuelas; la preocupación docente de los Partidos se debía a numerosas razones, entre las que cabe recordar la ineficacia y despreocupación de los poderes públicos, la demanda escolar de las masas proletarias en un ambiente saturado de pedagogismo, las ventajas que suponía para el electorado afiliarse a una u otra tendencia, el adoctrinamiento político que se llevaba a cabo en estas escuelas... Lerrouxistas, anarquistas, católicos, etc., tenían sus propias escuelas al margen de las públicas o estatales.

La Lliga no podía inhibirse en aspecto tan importante, ni tampoco podía promocionar otras escuelas que no fuesen catalanas. Sobre este tema tan poco conocido escribe Bardina varias cartas en las que nos proyecta una luz valiosa. El 21 de enero de 1904 la «Comisión de Escuelas de la Liga» estuvo reunida con Bardina acordando los puntos siguientes que previamente Prat había admitido:

  1. La Lliga no debía aparecer como patrocinadora del proyecto del Patronato de Escuelas Catalanas.
  2. Estas escuelas debían agruparse bajo la base de un Patronato.
  3. Las escuelas no sólo debían ser catalanas sino modernas.
  4. No debían ser escuelas exclusivamente para obreros16.
Por otra parte, la Comisión de Escuelas de la Liga formada por los señores Giralt, Sans, Ribas, etc., suspenderían temporalmente la creación de nuevas escuelas, hasta ponerse de acuerdo con Prat de la Riba y Bardina, el cual comunica al primero que le han anunciado una nueva entrevista los promotores de las Escuelas del Distrito VI, señores Estrany, Lleó y Morera y Montoliu; Bardina le avisa para no acordar con ellos nada que pueda perjudicar al futuro Patronato. Mientras éste cristaliza piensa informarse de la organización y estructuras de algunos patronatos extranjeros17.

Para comprender mejor la importancia que la cuestión escolar tiene para cualquier partido político, leamos este fragmento de Bardina:

«Pensando, pensando sobre esto, y la manera de encarrilar la parte pedagógica -consecuencia de la cual quedaría casi resuelta la parte política contra la Liga, quiero decir, los intentos de los que quieren inutilizar la Liga- se me ha ocurrido un plan, sobre cuya eficacia y oportunidad usted, más enterado de estas cuestiones personales, podrá juzgar18».

El plan consistía, en primer lugar, en constituir un Patronato de Escuelas Catalanas formado por hombres de reconocido prestigio entre los intelectuales, conservadores, políticos, etc., que se encargarían de crear escuelas «purament socials, modernas, educativas, etc.».

Mientras se organizaba este Patronato, La Veu y si era posible, el Brusi, orquestarían la campaña insistiendo «durant aquell mes continuament en que las Escolas deuen ser independents de faccions politicas, modernas, educativas, ab excursions, etc. Yo publicaria la meva Memoria -si fos convenient- y estich cert que 'l mateix R. Monegal (...) s'entusiasmaria. Al efecte, si convé, li dedicaria á ell la Memoria. Simultáneament faría campanya la naixenta Academia Pedagógica».

En tercer lugar, habría que reunir, al menos un centenar de personas y «distribuirlas en secciones: Consejo Directivo, Comisión Pedagógica, Caja de Ahorros, de Hacienda, de excursiones, de plan social, etc.; 50 secciones con un número de miembros entre tres y diez cada una. A estas personas se las distribuiría estratégicamente por los barrios de Barcelona.

Posteriormente, en una reunión general, se determinaría la cuota a satisfacer por cada miembro.

Una vez lograda la estructura del Patronato, habría que señalar su política a seguir. Sobre todo, habría que englobar a todas las escuelas catalanas dentro del Patronato, el cual se encargaría de modernizarlas; o bien se integran las existentes de grado, o se les amenaza con una campaña de descrédito -cosa que no se realizaría, subraya Bardina- hablando públicamente del «estado atrasadísimo de estas Escuelas y descubriendo la cuestión política que se lleva a cabo a espaldas de ellas».

El plan quedaba completo con dos detalles más de suma importancia: el Patronato, además de reformar las Escuelas catalanas existentes y de crear otras nuevas, fundaría tma «Normal Catalana agregada a la oficial, para acaparar (con hijos listos de obreros a los que se les pagaría los estudios) las Escuelas públicas de toda Cataluña, de chicos y chicas». En segundo lugar, era necesario crear una Revista Pedagógica, con lo cual la Lliga se impondría -y con ella Bardina- a todas las tendencias pedagógicas catalanistas de la época; las escuelas catalanas dependientes del Obispado y recalcitrantes a la hora de colaborar con los proyectos pedagógicos de la Lliga, no podrían resistir la presión y terminarían sometiéndose.

Si la Liga -Prat de la Riba- daba el visto bueno a este plan, creía Bardina que «la cuestión político-personal o de la esquerra, quedaba enterrada con esto. Nosotros influiríamos las Escuelas, los Ateneos morirían anémicos sin este aliciente, y entonces sería el momento -si no acababan y ustedes lo creían oportuno- de crear Delegaciones de la Liga en cada Distrito que acabasen de rematarlo».

El Plan Bardina no era nada descabellado ni difería sustancialmente del llevado a cabo por algunos de los restantes partidos políticos, por ejemplo, el Partido Republicano. En principio, Prat de la Riba aceptó las ideas de Bardina; así, en octubre de 1904, escribe éste diciendo que siguen muy avanzados los trabajos para introducirse en los Distritos III, V y VI para fundar sendos ateneos y escuelas adjuntas19; por su parte, la estrategia de Lluhí, Giralt, Suñol, Carner y Monegal, todos ellos de Esquerra Catalana, era muy semejante; pensaban organizar cada Distrito en torno a un ateneo, «con la excusa de Escuelas», o introducir en los constituidos una minoría encargada de «organizar una resistencia, al menos pasiva, contra la Lliga, y el día de las elecciones -teniendo atada a la gente por los intereses económicos de la Escuela- imponer el criterio y las personas que ellos quieran».

Si en un principio Prat consideró útiles las ideas de Bardina, los acontecimientos políticos se precipitaron con el triunfo de la Lliga y quedaron relegados a un segundo término. El Patronato no llegó a constituirse en serio, a pesar de que se redactaron sus estatutos, se multiplicaron las reuniones y se habló de él en los periódicos. Bardina enumera algunas de las causas políticas, económicas y técnicas que hicieron inviable el proyecto. En primer lugar, no era posible crear un Patronato capaz de dotar 4.000 escuelas en Cataluña, con un presupuesto de 20.000 pesetas diarias; era más razonable ir reformando lentamente lo existente, dada la buena disposición reformista de muchos de los maestros del magisterio privado y público. ¿De dónde sacar, si no, tantos maestros como preveía el Patronato?. En segundo lugar, las elecciones municipales y provinciales estaban próximas y «la acción demagógica disminuía». Prat de la Riba pensaba que comenzaba a pasar el peligro lerrouxista que, como un vendaval, había irrumpido y arrollado la vida política de Cataluña, organizando un partido verdaderamente moderno, ganando elecciones, creando Fraternidades, Casas del Pueblo, Círculos y, sobre todo, escuelas en abierta oposición a las vinculadas de algún modo a la burguesía20. Ante esta nueva situación política Prat preveía con razón que los potentados catalanes se mostrarían reacios a financiar semejante empresa. Por otra parte, una vez controlados los ayuntamientos y diputaciones, era más fácil invertir fondos del erario público en la cuestión escolar. El Patronato de Escuelas quedó archivado para coyuntura más propicia y el problema quedó sin resolver, a pesar de su gravedad y urgencia21.

En la Memoria del primer año de la Escola de Mestres se esfuerza Bardina en convencer a todos de la bondad y necesidad que Cataluña tiene de su institución. Para con Prat de la Riba no tiene sino elogios, como si quisiera seguir teniéndolo ganado para su causa. Le llama amich y mestre y lo considera «siempre con el oído atento a toda la integridad de la cuestión catalana», sin olvidar en medio de la barahunda política los asuntos educativos. No obstante, a Prat de la Riba no acababan de convencerle los proyectos y empresas de Bardina, y no pensaba en su foro interno asignarle el papel de protagonista principal que Bardina se asignaba. Mi sospecha se basa en la actitud que la Diputación adoptó frente a la Escola de Mestres, en el fracaso económico de la misma y la marcha de Bardina a París y, posteriormente a América. Prat de la Riba no contó con él a la hora de la autonomía; Bardina no volvió nunca a Cataluña. Al finalizar el primer año, la Escola solicitó al Ayuntamiento y a la Diputación de Barcelona 10.000 pesetas. El primero concedió la mitad de lo solicitado, gracias a las gestiones de Joan Ventosa y Calvell y Hermenegildo Giner; la Diputación tan sólo concedió 1.000, no como subvención, sino como becas para los gastos oficiales de seis alumnos; de este dinero «no cobramos ni un céntimo», exclama con amargura Bardina22. Prat de la Riba había sido elegido diputado en las elecciones de marzo de 1905 y presidía la Diputación en este año 1907. El 9 de octubre solicitaba de nuevo Bardina la misma cantidad que en el curso anterior: 10.000 pesetas. La instancia la firmaban Bardina y su esposa Josefa Soronellas como directores y Félix Jové como secretario de la Escola. La instancia iba acompañada de un ejemplar de la Memoria del primer año, a la que remiten para mejor información acerca del funcionamiento técnico, económico y pedagógico. En la instancia recuerdan que «la crítica de nuestro país y aún la extranjera de las Revistas profesionales, ateniéndose, no a las promesas y teorías, sino a los hechos registrados durante el primer curso de funcionamiento, han colocado a nuestra institución entre las más eminentes de Europa en métodos y procedimientos de educación integral.

Sólo falta a esta Escola -añaden-, para superar a muchas extranjeras, poder pagar una mezquindad a los 28 profesores que la integran23».

Dos días después -el 11 de octubre de 1907- los diputados discuten en sesión ordinaria la solicitud. Ramón Albó y B. Tona presentaron a la Corporación un informe favorable en el que aconsejaban acceder a la solicitud presentada. La importancia que dicha Escala supone para «el fomento de la cultura catalana» aconseja -decían- «que las Corporaciones oficiales se presten a ofrecerla su valioso concurso». Al tratarse de «una Escuela Normal a la altura de las extranjeras, en métodos y procedimientos, con educación sajona, talleres manuales, educación física, enseñanza objetiva y profesorado escogido; de ser una Escuela enteramente gratuita, aún para las matrículas y títulos oficiales, pues oficialmente obtienen las alumnos y alumnas el título de maestros; de ser estos alumnos escogidos entre las clases desheredadas, talentos perdidos, haciendo obra social y a la vez patriótica, y finalmente, el ser los organizadores y el alma de ella personas responsables, conocidos por sus trabajos pedagógicos en el extranjero, justifican e imponen el apoyo material de esta Diputación, a la Escola de Mestres24».

El diputado señor Tona leyó el informe al que pertenece el fragmento transcrito, añadiendo nuevos argumentos que terminasen de inclinar las voluntades en favor de la Escola; si es urgente -decía- «fomentar la educación catalana procurando que en ella encarnen nuestras costumbres y manera de ser, hay que atender ante todo a crear la primaria materia, o sea, un núcleo de profesores o maestros formados, no por la imaginación que predomina en los inspirados por la mentalidad castellana (?), sino por la reflexión que cuida a la vez de las tres grandes fuerzas que se concretan en el desarrollo del entendimiento, del cuerpo y de la voluntad».

Los diputados se dejaron convencer ante los argumentos expuestos, pero enviaron la documentación a la Comisión de Fomento, la cual no fue del mismo parecer puesto que, a pesar de la innegable importancia de la institución bardiniana para la transformación de los «defectuosos sistemas pedagógicos» vigentes, y de que la esfera de las enseñanzas técnicas recaían directamente en el ámbito de protección de las Diputaciones provinciales, no bastaba el ensayo de un año para otorgar lo pedido; era preferible esperar a que demostrase «sus beneficiosos resultados y, por lo tanto, la utilidad de su fomento por medio de una mayor protección25», por cuyas razones se aconsejaba conceder una subvención de 5.000 pesetas. Esta espera fue fatal para la Escòla de Mestres nacida de la nada como una maravillosa quimera pedagógica que no consiguió los recursos y ayuda necesarios para que fuese posible llegar a frutos de madurez. El nuevo dictamen quedó aprobado y fue firmado por el presidente de la Diputación Prat de la Riba y el secretario José Parés. El presidente de la Diputación dejó hacer a los diputados y no intervino a favor de la Escola26, la cual acabó muriendo asfixiada de deudas. El Clamor del Magisterio barcelonés recoge la noticia y publica el siguiente comentario:

«La Escuela de Maestros cierra, según dicen; cierra la citada Escuela Normal Catalana, en la que tantas ilusiones depositaron sus fundadores: Juan Bardina, Félix Jové y Josefa Soronellas. Quienes hayan estado cerca de este nuevo plantel de maestros y conozcan su nacimiento, su vida y su muerte, podrán juzgarla con equidad y decir si era una cosa que podía vivir y si merecía vivir. El cronista no conoce apenas la estructura de la Escuela de Maestros y, por este motivo, cree que su pérdida llenará de tristeza a muchos catalanes que tampoco la conocen apenas, pero que la querían como una esperanza pedagógica, como el sueño de una nueva orientación para formar al magisterio. En la actualidad Cataluña ve desaparecer demasiadas cosas que nos hacían creer en nuestra superioridad. ¿Eran locuras las muchas cosas que desaparecen?. ¿Eran unos ilusos los que creyeron en ellas?. No lo sé; escribo al pie de un árbol y ahora que las hojas se le mustian y alguna de ellas cae por los calores estivales, yo presiento las nuevas primaveras y no pierdo la fe. ¡Adiós, instituciones que morís!. ¡Buenos días, instituciones que naceréis27!».

El ocaso y la huella de Bardina.

Cabe preguntarse el por qué de los repetidos fracasos de Bardina en todas sus empresas, fracasos que no quieren decir que sus esfuerzos fuesen baldíos e inútiles. No es fácil señalar las causas que expliquen y justifiquen, en cierta medida, sus fracasos personales. ¿Eran debidos a su carácter radical e independiente que le impedía rendir pleitesía a esta o a aquella tendencia política o grupo constituido?. ¿O bien sus iniciativas estaban deficientemente estructuradas con contradicciones mortales?. ¿Era inconstante en la tarea emprendida?. ¿A qué fue debido que el entusiasmo inicial de Prat de la Riba por su persona se trocó en frialdad?.

Aunque sea resbaladizo entrar en el terreno de las hipótesis no creo que las causas estén en su manera de ser, ni en sus limitaciones personales, sino en el complejo ambiente político en el que desarrolló sus actividades, sin perder de vista su actitud ante los conflictivos temas de la coeducación y de la neutralidad religiosa en el campo de la enseñanza. En la Escola de Mestres Bardina cuidaba la formación religiosa de sus alumnos incluyendo la Religión en el plan de estudios y contando con un director espiritual; no obstante, mantuvo una actitud tolerante y respetuosa frente a la religiosidad de sus alumnos. La coeducación no fue óbice para que el Cardenal Casañas mirase con simpatía a la Escola y se constituyese en su protector. Esta cobertura oficial de la máxima autoridad religiosa de la diócesis acalló momentáneamente las críticas de aquellos que, conociendo los antecedentes de Bardina, y su sincero espíritu religioso, no acababan de comprender como había llegado a implantar la coeducación; el prestigio y autoridad de Casañas, uno de los primeros socios protectores de la Escola28, pudo, quizás, acallar las voces que en este Presupuesto y en la ola de pasiones desatadas en pro y en contra de las conciencias timoratas, pero éstas se levantaron airadas con ocasión del Presupuesto Extraordinario de Cultura del Ayuntamiento, en 1908; creo hay que explicar el eclipse definitivo de Bardina en Barcelona; naufragó el Presupuesto y naufragó con él Bardina.

Nos dice en varias ocasiones que fue él quien redactó las bases pedagógicas del mismo; prescindiendo de la cuestión religiosa y de la coeducación que tal polvareda levantó, lo realmente importante del Presupuesto era su contenido pedagógico. «Todo el mundo tuvo ocasión de conocerlo, y nada más que los que lo desconocen de desaprobarlo. ¿Para qué repetirlo, si era una obra absolutamente semejante a nuestra Escuela?.

Triunfe o no materialmente el Presupuesto todavía hoy en litigio, sus ideas pedagógicas triunfarán siempre en cualquier otra organización que el Ayuntamiento intente. Puede decirse que la Revolución aquí está hecha e incluso codificada. Y nosotros estaremos siempre orgullosos de haber intervenido activísimamente en esta codificación de las nuevas ideas, a ruego de nuestros amigos del Ayuntamiento29».

La Comisión encargada de defender el Presupuesto estaba formada por Francisco Layret -uno de sus más firmes defensores-, Francisco Magriñá, Pedro Rahola y Francisco Puig Alfonso. Luis de Zulueta fue nombrado comisario y Bardina secretario. Tras obteper la aprobación del Ayuntamiento se dio a conocer a la opinión pública. Inmediatamente obtuvo el apoyo y aprobación entusiasta de toda la gama republicana: unionistas, federales, nacionalistas y radicales: los centros democráticos autonomistas, uniones republicanas, fraternidades, etc., junto con los socialistas y librepensadores volcaron su entusiasmo en pro del proyecto. Por el contrario, se opusieron con la misma unanimidad los centros católicos, monárquicos, tradicionalistas, etc.; el cardenal Casañas escribió dos cartas pastorales contrarias al Presupuesto: se celebraron mítines en el Tívoli y en el Frontón Condal; en la mesa presidencial de éste se hallaba Puig i Cadafalch con otros miembros de la Lliga Regionalista. Contra estos mítines católicos se organizó el «Mitin de la Tolerancia» el 18 de mayo de 1908.

La oposición fue tan fuerte que el alcalde Sanllehy suprimió la base 5ª que establecía la neutralidad religiosa; tras largas polémicas que llegaron hasta las Cortes, el gobernador civil de Barcelona, Angel Osorio, suspendió definitivamente el Presupuesto en febrero de 1909.

La Lliga y su portavoz La Veu de Catalunya inicialmente dio su visto bueno al proyecto, pero ante la tormenta desencadenada dio marcha atrás: intentó mantenerse al margen de la disputa pero acabó entre los opositores. En breve espacio de tiempo, el periódico (La Veu) pasó de la defensa al silencio y del silencio al ataque alineándose finalmente entre los detractores30.

Las causas de este cambio repentino fueron debidas a la presión de la jerarquía eclesiástica: por otra parte, la Lliga no podía ver con simpatía un proyecto promovido por la mayoría republicana del Ayuntamiento que podía hipotecar en gran medida los planes que la propia Lliga proyectaba para el futuro; no obstante, era muy arriesgado y comprometido oponerse a un proyecto de escuelas catalanas sin levantar protestas en las filas de los catalanistas, como en efecto ocurrió. El Poble Català acusó a La Veu de anticatalanista por este motivo.

Al seno de la Diputación de Barcelona también llegó la discordia. En la sesión del 12 de mayo de 1908 un grupo de diputados propuso visitar corporativamente al alcalde de Barcelona para comunicarle oficialmente el apoyo y aplauso de la corporación provincial a «tot quant hagi de contribuir a promoure la cultura netament catalana i, per tant, el Pressupost de Cultura que a aixo anava encaminat indisputablement31». Esta propuesta fue sometida a votación y rechazada por 18 votos contra 11; entre los contrarios estaba el voto de Prat de la Riba que, en calidad de Presidente, exigió que la propuesta fuese votada por los diputados.

El precio político pagado por la Lliga por su oposición al Presupuesto fue alto pero, ¿y Bardina?. Luis de Zulueta había sido propuesto para el cargo de Comisario por Pere Corominas; Bardina había sido propuesto por los miembros regionalistas. Fracasado el proyecto, el fracaso de Bardina era inevitable, con el agravante de que su espíritu independiente le colocaba en una situación incómoda y aislada; para la Lliga, Bardina no fue sino un peón al que se le había utilizado para conseguir unos objetivos propios; para los católicos -carlistas incluidos- debió ser considerado poco menos que un colaboracionista, un hereje, por haberse prestado a defender tesis condenadas por la jerarquía eclesiástica. En medio de la polémica no se vio libre de burlas sarcásticas. Un periódico de Barcelona lo calificó de «tarugo pedagógico», creador de una escuela en la que se estaban formando los futuros maestros catalanistas y separatistas que ocuparían las plazas de la futura Institución de Cultura Popular. El resto es fácil suponer; Bardina quedó descalificado para cualquier empresa pedagógica de envergadura. No es descabellado suponer que, a partir de este momento, terminaran las raquíticas subvenciones de la Diputación, de la Diputación, de la Lliga y de los católicos a la Escola. De nada sirvió que cediese la dirección a Eladio Homs; fue inútil recabar cualquier tipo de ayuda eclesiástica.

A pesar de todo, no puede considerarse inútil la obra de Bardina globalmente considerada. No es nada fácil inventariar su aportación a la renovación pedagógica catalana, pero lo intentaremos, aunque demostrar cada uno de los aspectos señalados requiera más tiempo y más espacio del que ahora disponemos.

Hemos dicho que Bardina irrumpió con fuerza y autoridad en el alicaído ambiente pedagógico barcelonés de principios de siglo. Con la misma prisa con que leía, pensaba y escribía se convirtió en una especie de oráculo al que todos dirigían sus miradas. La influencia de Bardina puede analizarse en tres aspectos: en la proyección de su pensamiento, en la influencia de las instituciones por él fundadas y en sus alumnos. A nivel teórico no se puede encontrar en Bardina un sistema pedagógico coherente elaborado con cierto rigor lógico; lo que sí se puede encontrar en él son ideas, sugerencias, intuiciones geniales, etc. Quizás esta misma falta de rigor, la facilidad con que Bardina escribía y el apasionamiento con que dice lo que siente explique el éxito de los primeros años de sus actividades pedagógicas. Bardina importó y aclimató en Barcelona, muchas de las ideas conocidas por la pedagogía extranjera, sobre las que los institucionistas venían hablando y escribiendo hacía tiempo. Bardina lee y lanza sin parar ideas e iniciativas. No hay actividad en la que no se halle. «Nos introdujimos -escribe- en muchas sociedades pedagógicas32; ampliamos la propaganda por medio de la correspondencia privada, creándonos en el magisterio una red de amigos cordiales; creamos la «Academia Pedagógica Catalana»; intervinimos en casi todas las cuestiones profesionales; empezamos a pesar sobre los Ayuntamientos y en especial sobre el de Barcelona; ligamos en una Federación a todas las entidades pedagógicas barcelonesas33; vulgarizamos en conferencias las ideas regeneradoras; y por encima de todo este trabajo inmenso -llevado a cabo en horas robadas al sueño y al trabajo diario para ganar nuestro pan- ideamos la Escuela de Maestros34».

Esta profusa siembra de ideas no siempre es fácil de comprobar. Baste decir que gran parte de los métodos, principios e ideas preconizados por el movimiento de la Escuela Nueva (preocupación por la higiene, por la educación física, por las excursiones, por la libertad y autogestión de los alumnos, por la educación del carácter y de la voluntad, por los métodos intuitivos, etc.) ensayados con éxito en otras instituciones catalanas, tienen un claro precedente, influyente, sin duda, en Bardina.

La misma impronta bardiniana puede observarse en los numerosos educadores que siguieron sus huellas: Eladio Homs, Alejandro Galí, Palau Vera..., muchos de los cuales trabajaron en instituciones educativas que intentaban convertirse en escuelas auténticamente modernas y nuevas. Finalmente, cabe señalar que gran parte del programa pedagógico de la Mancomunidad de Cataluña es una herencia directa de Bardina: Patronato de Escuelas, Consell de Pedagogía, Quaderns d'Estudi, etc., actividades que, o bien fueron sugeridas o realizadas por Bardina, o bien fueron llevadas a cabo por hombres que, durante algún tiempo, recibieron su influencia directa.


Notas:

1Ver J. Bardina, Escóla de Mèstres. Memoria del Curs 1906-7. Barcelona, 1907.
2En su obra La energía en 10 lecciones. Educación práctica de la voluntad con una introducción y un epílogo. Barcelona, Sociedad General de Publicaciones, S. A., entona un canto apasionado a la voluntad humana, «motora de todas» las demás facultades, y ensalza la lucha, el esfuerzo, el ideal y el triunfo como recompensa del hombre de carácter.
3J. Bardina, El valor de la educació. (Toch d'alerta, en vigilies de la nostra organisació pedagógica). Barcelona, F. Giró, 1908, p. 6.
4J. Bardina, ib., p. 8.
5Esta conferencia y la pronunciada posteriormente con el título de L'Optimisme en la Educació (Escola de Mestres, Barcelona, 1909) constituyen las dos obras claves donde con mayor claridad expone Bardina su pensamiento pedagógico.
6J. Bardina, ib., p. 9.
7J. Bardina, ib., pp. 13-14.
8J. Bardina, ib., p. 14.
9J. Bardina, Memomia del Curs 1906-07, ob. cit., p. 4.
10Carta catalogada con el número 6 (12 de diciembre de 1903).
11Carta 17, sin fecha.
12De este modelo de pupitre la Memoria del Curs 1906-07 de la Escola de Mestres publica una fotografía en la página 36 con la siguiente explicación: «Taula y seyent models especials de l'Escola. El seyent es giratori, elevatori y ab respatller movil a cada contracció del cos. La fusta dels peus és graduable segons el qui segui. El tinter (model exprés) no pot vessar a pesar d'anar sense tapa».
13Las cartas en las que Bardina habla de estas Bases están sin fechar.
14De ella escribe Bardina una carta fechada el 6 de noviembre de 1905 en la que se queja de que lleva corrigiéndola tres meses a razón de seis o siete horas diarias, a pesar de lo cual no saldrá como debería, pero no será un libro de tantos.
15Años después, en la conferencia de Bardina pronunciada en el Ateneo Autonomista del Distrito VI (28 de noviembre de 1908), alude, una vez más, a su «Reorganización Escolar de Barcelona», como publicación de inminente aparición.
16Carta número 8 (22 de enero de 1904).
17Carta número 10 (9 de febrero de 1904).
18Carta número 10 (sin fecha).
19Carta número 13 (19 de octubre de 1904).
20Ver J. Bardina, Memoria del Curs 1906-07, p. 6. El peligro comenzó a disminuir a partir de 1906 y, sobre todo, con los resultados de las elecciones del 21 de abril de 1907, en las que triunfó Solidaridad Catalana, forjada y controlada por Prat de la Riba, Cambó y Agulló.
21Es probable que muchas de las ideas de este nonato Patronato de Escuelas fuesen aprovechadas en la redacción del Presupuesto Extraordinario de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona (1908), en cuya elaboración intervino activamente Bardina, aunque los objetivos de este Presupuesto fuesen mucho más modestos.
22J. Bardina, Memoria del Curs 1906-07, p. 42.
23Es sabido que el profesorado de la Escola no tenía remuneración alguna. La instancia, así como los dictámenes de la Diputación, se halla en el Archivo de la Diputación Provincial de Barcelona, en el legajo 2.292.
24Archivo de la Diputación, legajo citado.
25«Dictamen de la Comisión de Nuevos Servicios» (22 de noviembre de 1907) Archivo de la Diputación de Barcelona, leg. 2.292.
26Al menos no consta ninguna intervención suya a favor o en contra durante el debate en los documentos consultados. La última carta de Bardina a Prat de la Riba fue escrita en París el 29 de noviembre de 1912; es una carta de agradecimiento por la subvención de la Diputación para el viaje de estudios, en la que brilla una cierta esperanza respecto a las relaciones entre ambos: «Si fos possible -escribe- que, per un dia, se trasladés al nostre pavillon, y vegés la febre de ciencia, les batalles d'autoeducació que estén lliurant tots set -sols continuables ab aquesta subvenció- aleshores comprendía tota la intensitat del meu afraiment. Gracies y mani».
27El Clamor del Magisterio, «Escola de Mestres», 2 de julio de 1910. En Ll. Jou i Olió, Calendari Pedagógic (1910-1915), Barcelona, 1930, pp. 25-26.
28Figura en la Memoria del primer curso entre los socios protectores; en la Memoria del segundo año se reproduce su fotografía al lado de otros protectores ilustres, como los diputados Eduardo Calvet y Joan Ventosa i Calvell, los industriales Ramón Monegal y Rosendo Peitx, del catedrático Hermenegildo Giner y del conde Güell.
29J. Bardina, Escola de Mestres. Memoria del Curs 1907-08, p. 43. El subrayado es nuestro.
30Jaume Matas i Tort, El Presupuesto Extraordinario de Cultura de 1908 del Ayuntamiento de Barcelona en el marco de la renovación escolar de Catalunya. Tesis Doctoral. Universidad de Barcelona. Facultad de Geografía e Historia, 1977, p. 337.
31Ajuntament de Barcelona, Les construccions escolars de Barcelona, 2a. edició, p. 101, Barcelona, 1921.
32A principios de siglo había en Barcelona numerosas asociaciones de este tipo; sin pretender ser exhaustivo, en 1915 había las siguientes: Asociación del Magisterio Oficial de Cataluña, Asociación de Maestros Nacionales de la provincia de Barcelona, Asociación de Maestros Nacionales del partido de Barcelona, Decanato de maestros públicos de Barcelona, Unión de profesores particulares de Barcelona, Defensa del Profesorado particular de Barcelona, Gremi de profesors particulars de Catalunya, Colegio de Maestros titulares privados, Sociedad Barcelonesa de Amigos de la Instrucción, Associació Protectora de l'Ensenyanca Catalana, Lliga Barcelonina d'Higiene Escolar, Agrupación Pestalozziana, Agrupación Normalista y Fundación Horaciana d'Ensenyanca.
33¿La «Associació Protectora de l'Ensenyança Catalana»? (34) J. Bardina, L'Escóla de Mestres. Memoria del Curs 1906-07, página 6.
34J. Bardina, L'Escòla de Mestres. Memoria del Curs 1906-07, página 6.
 

2. Bardina y la renovación pedagógica en Cataluña. Joan Bardina, un revolucionario de la pedagogía catalana. Índice. Joan Bardina, un revolucionario de la pedagogía catalana. 4. Libertad, tiempo y educación en Joan Bardina. Joan Bardina, un revolucionari de la pedagogia catalana.

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