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En aquest lloc «web» trobareu propostes per fer front a problemes econòmics que esdevenen en tots els estats del món: manca d'informació sobre el mercat, suborns, corrupció, misèria, carències pressupostàries, abús de poder, etc.
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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Capítulo 15. No hay retorno: la condena de Occidente. El poder del dinero. Índice. El poder del dinero. Capítulo 17. La monética: tentación o reto. El poder del dinero.

Capítulo 16. Ni cielo ni infierno.

El tema clave para defender la segunda hipótesis -modificar el sistema monetario- es ver la viabilidad de su aplicación práctica, y valorar sus peligros y sus posibilidades.

No podemos pecar de ingenuos y creer que la segunda opción -es decir, modificar el tipo de moneda- carece de peligros o está exenta de dificultades de implantación. En las actuales sociedades complejas no se puede retornar a la arcilla. Pero, las diversas posibilidades que ofrece un tipo de moneda personalizada e informativa no se han de concretar todas al mismo tiempo y en todo lugar con un único tipo de instrumento o de sistema universal. Cada realidad, cada cultura en la que más o menos, de buen grado o a la fuerza, se usa moneda anónima, si se acepta la segunda opción, ha de buscar qué características de la factura-cheque, y en qué grado, cree necesario introducirlas, en función:

de la problemática específica propia y de los beneficios que se espera obtener;

de las posibilidades instrumentales técnicas disponibles y de las cautelas protectoras posibles.

En los próximos capítulos estudiaremos las posibilidades técnicas y las cautelas judiciales y políticas necesarias. Ahora, brevemente, describiremos y valoraremos sólo algunos de los modelos y posibilidades de cambio monetario en diversas realidades específicas.

Para facilitar la visualización de posibles modelos de aplicación expondremos cuatro distintos, valorando de cada uno los grados de información económica, de personalización y de responsabilización.

Mihail Sergeyevich Gorbachov.El primero puede denominarse «Reagan-Gorbachov». Fue propuesto hace un par de años por Donald T. Regan, después de haber sido secretario del Tesoro americano durante la presidencia de Ronald Reagan. El plan, que no va ser aplicado en los EUA, lo fue, parcialmente y por motivos distintos, en la URSS de Gorbachov a principios de 1990. «Con el fin de controlar el intercambio de dinero en metálico de los mayoristas, minoristas y vendedores callejeros de drogas... el Tesoro tendría que imprimir discretamente nuevos billetes de 50 y 100 dólares, de diferente color o tamaño que los actuales. Con un preaviso de 10 días, todos los billetes de 50 y 100 dólares dejarían de ser de curso legal. Todo el mundo tendría que cambiar sus billetes por los nuevos. Los bancos y otras instituciones tendrían que llevar un registro de las transacciones en metálico superiores a 1000 dólares. Los informes se enviarían a los interventores de impuestos por el nombre y por el número de identificación fiscal.

Esto produciría que el pánico se extendiera entre quienes conservan grandes cantidades en metálico. Si el dinero fuera legítimo no se debería temer por nada. Es posible que se creara confusión durante un par de meses pero, ¿qué honrado ciudadano no estaría dispuesto a soportar una pequeña molestia a fin de atrapar a estos criminales? Esto tocaría a los criminales allí donde más daño les hace, en su cartera.

Sólo se pueden hacer tres cosas con el dinero: mantenerlo en el negocio, gastarlo o ahorrarlo. Si se invierte a través de un banco, este plan podría interceptar los fondos. Si los beneficios se conservan en efectivo, el cambio de moneda lo sometería a confiscación. Si se mantiene en el negocio en billetes de 50 o 100 dólares, perderían su valor1».

El modelo es ingenioso. Es un buen indicador de la impunidad que da el dinero anónimo actual. Pero es un modelo representativo de los cambios que no cambian casi nada. Al cabo de unos meses, las mafias se recompondrían y se volvería a la situación anterior. Este modelo no ofrece una información del conjunto del mercado, sólo desvela el sector de la economía sumergida e ilegal. Personaliza y responsabiliza, pero sólo temporalmente.

El segundo modelo podemos llamarlo «monedero electrónico». Elaborado por el ingeniero Jordi Domènech propone que cada persona tenga sus ahorros anotados en un «monedero electrónico», diseñado para hacer transacciones directamente con el «monedero» de cualquier otro con quien se quiera hacer una operación mercantil: así se cobrarían las rentas, así se comprarían y venderían productos y servicios. El modelo es impresionante. Cada uno pasa a ser su propio banco. Podrían existir intermediarios financieros que recogieran cesiones de dinero para inversión colectiva. Podría pensarse en una recaudación fiscal automática al realizar determinadas operaciones muy habituales o de seguridad (copia periódica de la información del monedero en determinadas terminales). Este modelo -salvo que el monedero mantenga registradas todas las operaciones y que esta información pueda ser procesada conjuntamente aprovechando la copia de seguridad y los peajes fiscales- no da información sobre la economía global. Si bien todas las transacciones se personalizan, no asegura, por sí mismo, ningún tipo de responsabilización; salvo que, en caso de investigación judicial, el juez pueda tener acceso a la información del monedero.

El tercer modelo, «factura-cheque empresas», es prácticamente hoy ya una realidad. La mayoría de empresas realizan entre ellas sus transacciones a través de cheques y cuentas corrientes, con base informática. Solamente sería necesario reunir en un único documento la factura y el cheque de todas las operaciones. Este modelo evitaría la sensación de excesivo control ya que dejaría que los consumidores continuasen usando los ya reducidos niveles actuales de billetes y de piezas metálicas para sus gastos corrientes, mientras que podrían estar obligados a hacer facturas-cheque para operaciones importantes (determinados bienes de lujo, propiedades inmobiliarias, títulos de inversión...). Con esta propuesta, de hecho, se obtendría una información económica muy importante y fiable. La personalización responsabilizadora afectaría a las operaciones importantes y, en cambio, no ofendería la sensible «libertad» de muchos ciudadanos que quieren sentirse, aunque sea ilusoriamente, poco controlados.

El cuarto modelo, «factura-cheque total», significaría el uso exclusivo para todas las transacciones de dinero anotado en cuenta corriente y la supresión de toda moneda anónima y desinformativa. Sería una posibilidad en aquella sociedad que hubiese experimentado las ventajas económicas y antifraude del modelo «factura-cheque empresa», y que decidiese invertir en la difusión del equipamiento informático necesario para extender a los consumidores el uso cotidiano de la monética. Ahora bien, a mayor información económica, a mayor personalización responsabilizadora, serán necesarios también más cambios en la estructura política y judicial, que aseguren la protección de la intimidad y, al mismo tiempo, la lucha contra la impunidad de los delitos. Estas condiciones se tratan con detenimiento en los capítulos 18 y 19.

Después de contemplar estos cuatro posibles modelos, veamos ahora como su combinación, en mayor o menor grado, puede permitir adaptar un cambio de instrumento monetario en diferentes realidades actuales.

Países exportadores, pero con mercado interior reducido.

En el caso de un país con un mercado interior sencillo, pero con un gran mercado de exportación (p.e. África o Centroamérica) se puede hacer una combinación entre «billetes de pocas unidades monetarias» para las operaciones de consumo menor, y una «factura-cheque nominativa e informativa» para las operaciones realmente importantes: para determinados productos de consumo caros o de lujo; para los mayoristas; para todas las operaciones de inversión o de compras entre empresas interiores; para las operaciones importación-exportación; para el funcionamiento de toda la administración pública.

Lo que conviene asegurar es que el volumen más importante, y, al mismo tiempo, más estratégico, de movimiento de dinero quede bajo control judicial independiente y a la vez suministre información para la conducción económica conjunta. Para el pequeño consumo, puede no ser excesivamente grave que se utilice papel moneda anónimo, pero de pocas unidades para evitar grandes maniobras especulativas o corruptoras. También se puede establecer que esta moneda fraccionaria sea válida sólo por un período (por una semana o por un mes) y que, en este caso, se entregue a cada consumidor, según la disponibilidad de su cuenta corriente, a través de las «cajas de ahorro» que gestionan las cuentas corrientes del público.

Una implantación mixta (moneda anónima fraccionaria, para el consumo corriente-factura-cheque, para las transacciones importantes), en un mercado de las características descritas busca, sobre todo, evitar la actuación de las mafias y de los caciques; dificultar la corrupción pública; defenderse de las multinacionales y vigilar al ejército, respetando, al mismo tiempo, las costumbres y el nivel de formación de una parte importante de la población, tal vez no preparada para usar facturas-cheque escriturales o electrónicas (unas y/o otras sí utilizables, en cambio, entre empresas y por la administración pública).

Países industrializados.

Otro caso bastante diferente es el de los países industrializados que tienen unos mercados muy complejos y sofisticados (por ejemplo, los de las Comunidades Europeas). Tanto en estos países, como en la mayoría de los circuitos comerciales internacionales, la moneda electrónica está tomando un papel dominante. Nos encontramos, pues, con una importante elección a tomar.

En el caso de los países industrializados no solamente las empresas y la administración pública están preparados para una implantación generalizada de un tipo monetario factura-cheque, sino que, incluso el pequeño comercio, los servicios y el gran público están, en general, a punto. Pero es precisamente por la complejidad de estos países que la factura-cheque escritural no es muy viable. En cambio, la factura-cheque telemática tiene una posibilidad de implantación efectiva y, ofrece, al mismo tiempo, un marco coherente y democrático para la extensión, ya iniciada, de las diferentes modalidades de dinero electrónico, que están invadiendo estos países.

El ECU (European Currency Unit) es una moneda totalmente abstracta que, de momento, no tiene soporte físico de metal ni de papel. Los europeos tenemos, con el ECU, una oportunidad histórica para realizar la integración económica y política del continente disponiendo de una moneda única, contable y personalizada, gracias a que, al mismo tiempo, todas las redes monéticas están ya, prácticamente, interconectadas.

Intercambios internacionales.

En el campo del comercio internacional, la implantación de una factura-cheque no representaría ningún problema técnico de uso, ni escritural ni telemático, pues prácticamente ya en la actualidad, se realiza con estos soportes. Precisamente, es por la incoherencia conjunta de la aplicación del dinero electrónico y escritural que, en las transacciones y operaciones comerciales y financieras internacionales se generan los más grandes y graves desequilibrios. Los flujos de capital a corto y a largo plazo no siempre corresponden a compras ni inversiones reales. Los movimientos masivos de «hot money», y muchas de las compras y fusiones de empresas, no pretenden más que beneficios inmediatos especulativos y provocan un divorcio entre el mercado monetario y el mercado de bienes y servicios reales. El mercado de capitales en gran parte es autóctono y sigue sus reglas de juego (creación de capital sobre capital), que ponen en peligro y desequilibran la economía real.

Se tendrían que estudiar más a fondo las posibilidades de fundamentar un Nuevo Orden Económico Internacional en la transparencia y la información de un sistema monetario internacional basado en la factura-cheque. De forma parecida al ECU, podría establecerse el ICU (International Currency Unit) que permitiría dotar al comercio internacional de una unidad monetaria para los intercambios de bienes y servicios reales sin tener que continuar aceptando la peligrosa, inestable y especulativa hegemonía del dólar. Lo que parece evidente es que la creación y circulación de inmensas sumas de unidades monetarias por todo el planeta -vía transferencias electrónicas- con el único objeto de especular, aprovechando diferencias horarias o desequilibrios momentáneos en una u otra bolsa, no es un buen fundamento para ningún orden económico internacional. Y que, por el contrario, un sistema factura-cheque que sólo permite mover dinero si se corresponde con algún tipo de transacción real (bienes, servicios e inversiones) puede ser una buena base.

Se debe estudiar más a fondo hasta qué punto la hipotética implantación de un sistema monetario del tipo factura-cheque es posible en uno o algunos Estados sin implantarse en todos, o sin implantarse a nivel internacional, y viceversa: si podría hacerse sólo a nivel internacional sin que implicase a ningún Estado concreto. Estas cuestiones no solamente son importantes para ver la coherencia de la propuesta, sino para orientar y posibilitar la decisión política en uno u otro sentido. (El tema internacional será tratado con más detenimiento en el próximo volumen).

Países de transición al capitalismo real.

La progresiva aceptación de mecanismos de mercado en los países del este de Europa ofrece una oportunidad histórica para intentar que la mercantilización de determinadas actividades no implique algunas de las principales disfunciones de las «economías de mercado capitalistas». En este sentido, y en relación a la situación ventajosa de algunas realidades de los países socialistas, es preciso preguntarse:

¿Cómo evitar la privatización y mercantilización del suelo, con la consiguiente especulación inmobiliaria y el entierro de recursos de inversión?.

¿Cómo favorecer un deseado y necesario aumento de las rentas, sin que éstas se dirijan únicamente a la adquisición de bienes de consumo -en gran parte de importación- y condenen la necesaria inversión interna a la dependencia de la deuda externa?.

¿Cómo crear instrumentos de inversión y de capitalización que eviten la especulación de valores bursátiles y la sutil y peligrosa financiación de la economía real que favorece la acumulación de dinero en pocas manos, al margen del circuito de la producción real?.

¿Cómo impedir, sin aumentar todavía más la burocracia, que la corrupción del antiguo régimen se perpetúe bajo nuevas formas y dificulte el fortalecimiento del Estado de derecho?.

Estas preguntas son de difícil respuesta práctica en el marco del actual sistema financiero y monetario. Inspirándonos en Joan Casals (19872) que propone la introducción de un único título -casi-dinero -exclusivamente para inversión, al lado del dinero normal para consumo, las posibilidades de la factura-cheque permitirían distinguir entre el ciclo del consumo y el ciclo de la inversión, favoreciendo que pudiese existir una parte de las rentas (de los salarios, beneficios y dividendos) dedicadas únicamente a inversión, convirtiendo así, progresivamente, al conjunto de trabajadores y empresarios en propietarios de las empresas. El debatido retorno a la propiedad privada de la tierra podría encontrar una solución de compromiso. Se mantendría la propiedad comunitaria de la tierra y se indemnizaría, cuando fuera necesario, a los antiguos propietarios pero exclusivamente con dinero de inversión interna.

Con este sistema, la población aumentaría sus rentas totales pero se evitaría que éstas solamente incrementasen la capacidad de consumo (recalentamiento) ya que, en una parte, sólo podrían ser dedicadas a inversión. Se dejaría al mercado el uso concreto de cada una de las partes de las rentas (tal producto de consumo o tal inversión en una determinada empresa). Pero, en cambio, se podrían regular indirectamente las magnitudes macroeconómicas modificando la relación del porcentaje entre dinero de consumo/ dinero de inversión en las remuneraciones. En la medida en que la personalización de los instrumentos monetarios se generalizase se pondría más freno a la economía sumergida, a la ilegal o a la especulativa.

Con la implantación de este instrumento monetario se podría distinguir más fácilmente entre flujos y stocks y, por tanto, se podría facilitar la inclusión de los recursos naturales en el sistema económico, para evitar su actual externalización antiecológica.


Aquí sólo hemos querido dejar constancia de que, en el tema que nos ocupa, existe una amplia gama de soluciones. Y que aplicar más o menos soluciones depende de los problemas a los que se quiera hacer frente, de las posibilidades que cada realidad ofrece para ser transformada, así como de los riesgos que se quieran asumir y de la capacidad para implantar mecanismos políticos que garanticen su correcto funcionamiento.


Notas:

1Cómo dar un buen uso al dinero de la droga, «El País», 21 de septiembre de 1989.
2Casals, Joan. El socialisme sólid. La Llar del Llibre. Barcelona, 1987.

Capítulo 15. No hay retorno: la condena de Occidente. El poder del dinero. Índice. El poder del dinero. Capítulo 17. La monética: tentación o reto. El poder del dinero.

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