Portada.
6. La pedagogía agonística de Joan Bardina. Joan Bardina, un revolucionario de la pedagogía catalana. Índice. Joan Bardina, un revolucionario de la pedagogía catalana. 8. Bardina y la 'Revista de Educación'. Joan Bardina, un revolucionari de la pedagogia catalana.
7. La «Escola de Mestres».
Josep González-Agàpito.
Mi agradecimiento a los alumnos de Bardina, Carme Sagarra y Miquel Fornaquera, sobre cuyos recuerdos e informaciones se basa, en buena parte, este estudio.
La «Escola de Mestres» es la obra capital de Joan Bardina. La idea de su fundación es consecuencia lógica de toda la actividad anterior de Bardina en el campo educativo, la cual estuvo presidida por la doble preocupación de catalanizar y renovar pedagógicamente la escuela. A partir de su intervención en el frustrado Patronat Escolar nuestro pedagogo entiende que existe un camino previo y obligado para alcanzar su doble objetivo: la formación de maestros. Dejando a un lado las motivaciones políticas y económicas que llevaron al naufragio el mencionado Patronato, Bardina llegó a la conclusión de que esta institución resultaría incapaz para transformar aquel grupo heterogéneo de maestros que a lo largo del Principado sentía la necesidad de incorporar el catalán a la escuela, pero hallábanse anclados en el rutinario quehacer de la escuela tradicional. No era suficiente con catalanizar la escuela, había que llenarla del nuevo espíritu pedagógico. Bardina comprende que es necesario iniciar un plantel. Sólo formando maestros noveles, no maleados por la escuela normal oficial, podría esperarse el cambio. «Nosotros -dice el pedagogo- cavilábamos así: las Escuelas Normales Oficiales se escapan de nuestra acción, por varios motivos invencibles, pero evidentes. En las Escuelas Normales forman los maestros que mañana han de regentar todas las Escuelas públicas y privadas. Salen de allí con una falsa idea de la educación nueva; huérfanos de toda costumbre física y económica; petrificados sus entendimientos por la acción constante de libros, maestros y procedimientos; sin noción del nacionalismo pedagógico, del cual ignoran hasta su existencia; sin una palabra de cuestión social ni de equilibrio ni humanismo ni de armonía; ignorantes de las fecundas corrientes de la Pedagogía estimulante y a la vez solidaria, es decir estética; reducido todo su bagaje a unos Programas centenarios que de todos los factores integrales se ocupan de uno solo, el entendimiento, y aún con deficiencias clarísimas, ¿qué podrían ser los maestros de la futura reforma pedagógica1?».

El pedagogo de Sant Boi espera que aquel plantel de su Escola de Mes- tres irá creciendo y que cada año un buen puñado de maestros saldrá de la institución y poco a poco «la conquista de las Escuelas, así, será segura; y la conquista de Cataluña, después, general, inmediata, total, indudable2». Es una conquista cultural, civilista, la que se quiere acometer.

Bardina, de naturaleza emprendedora, dotado de gran entusiasmo y optimismo, encontró en 1906 el clima apropiado para llevar a cabo la primera normal catalana. En aquel año Solidaritat Catalana triunfaba en las elecciones. Por doquier corrían aires de despertar nacional. La escuela, que desde el siglo pasado es vista como la palanca que puede regenerar la sociedad, no podía quedarse ajena a esta euforia nacionalista. Era, pues, el momento oportuno de poner manos a la obra. Bardina y sus fieles colaboradores -su esposa Josepa Soronellas y el doctor Felix Jové- visitaron entidades i particulares y «apelando al patriotismo» recaudaron los fondos necesarios para abrir la escuela.

El éxito fue espléndido. Muchas entidades públicas y privadas becaron a los alumnos3.

El entusiasmo arrebatador bardiniano ganaba colaboraciones por todas partes. Para imprimir las primeras circulares consiguió desde la componedora de La Veu la ayuda de Eladi Homs, hasta la impresión a cargo de Mn. Camil Vives. De la misma forma procuró grandes descuentos en el material, gestiones gratuitas de prestigiosos abogados, servicios desinteresados de seis médicos, colecciones de libros... Menciono todos estos detalles para que el lector capte la euforia con que es acogida la creación del centro y la forma, tan suya, que tenía Bardina de hacer las cosas. Consiguió interesar en el proyecto a destacadas personalidades de diversas tendencias: el cardenal Casañas, J. Monegal i Nogués, N. Verdaguer i Callís, Artur Bulbena, Enric Batlló, Eusebi Güell, Hermenegildo Giner de los Ríos, Martí i Julia, etc., que contribuyeron al sostenimiento económico de la entidad. Estos protectores de la escuela pertenecen a la pequeña y gran burguesía catalana, a la Lliga o al republicanismo, pero coincidentes, por encima de sus divergencias en el campo educativo, en la necesidad de culturalizar el país y en el ideal de formar buenos ciudadanos, conscientes, libres y patriotas. Este ideal será una de las constantes del pensamiento educativo burgués catalán, el cual buscará en la escuela un elemento de armonización de las clases sociales como alternativa a la cruda realidad social.

Obtenido el capital necesario se alquiló un piso principal doble en el número 23 de la calle Nueva de San Francisco, en el casco antiguo de Barcelona. Se realizaron las necesarias reformas. En el propio taller de la escuela se fabricaron muebles. Así el 15 de octubre de 1906 abría sus puertas la Escota de Mestres. Aquel día el sueño de Bardina se hizo realidad.

Catalanidad y educación renovada.

Ya hemos visto como Bardina plantea su Escola de Mestres como un paso necesario para la normalización cultural catalana. El reto es aceptado por el pedagogo más allá de una simple recuperación lingüística. Entiende que cada pueblo tiene su idiosincrasia y tiene derecho a una escuela nacional, que responda a aquélla. No sólo es el idioma, es el talante, son las costumbres, los contenidos de esta escuela, que deben ser catalanes4. Joan Bardina, suscribiendo a Prat, piensa que Cataluña se encuentra en pleno inicio de su momento imperialista cultural. Los catalanes están llamados a ser vanguardia de civilización para los pueblos de España, es necesario educar a sus hijos para este momento. Esto sólo es posible haciendo una educación nacional y renovada. Se ha de incorporar a las escuelas los modelos sajones, conformándolos con nuestra manera de ser. De ahí surgirá el ideal bardiniano: Catalanidad y educación renovada.

La Escola de Mestres será el crisol de las teorías pedagógicas de Bardina, ya estudiadas en otra parte de esta monografía. Aquí nos centraremos en cómo fue concretada.

La normal bardiniana aspira a una educación integral poniendo el acento en esta educación por encima de la instrucción. El objetivo, ante todo, formar hombres. Sólo una profunda educación forjará individuos equilibrados, capaces de convertirse en maestros de otros. Bardina quiere lograr hombres- maestros. Aquí, como en otras cosas, vemos una clara conciencia con las doctrinas de la Institución Libre de Enseñanza. Aquella aspiración debe cumplirse mediante la acción directa del educador, transmisor de valores. «No creemos en ciertas educaciones colectivas: la educación individual es la única que hace la mayor parte de las cosas en educación5».

También se advierte la necesidad de una metodología adecuada que instruyendo a su vez eduque la inteligencia, la voluntad, la estética... «Nuestro ideal instructivo, puro, es un trasiego completo de la actual metodología normalista. Quitar toda la paja inútil; agregar muchos conocimientos útiles, no obligatorios ahora; nada de teorizar a priari, sino ver, tocar y hacer -hacer sobre todo- las cosas, y después, por inducción socrática, teorizarlas6».

Así para formar los maestros adecuados a la escuela catalana, con los objetivos y la metodología que se han apuntado, no puede limitarse la educación normalista a los planes oficiales. Los alumnos de la Escala de Mestres obtendrán el título oficial, pero seguirán en la escuela tres años más. «Esto dará la medida del valor que damos al pedazo de cartón del gobierno», dice despectivamente Bardina refiriéndose al diploma oficial. La frase no es anecdótica, sino sintomática. Es bien sabida la deficiente preparación que recibían los maestros y mucho peor la consideración social que éstos gozaban en aquellos días. Contrariamente la corriente noucentista tenía reservado para la escuela y el maestro -mágicas palancas de transformación- un papel de primer orden dentro del encumbramiento cultural que se soñaba para Cataluña.

Bardina es consciente de que con la Escala de Mestres está abriendo un camino hasta ahora no trillado y de que su trabajo es pionero y valioso. Ya el año 1908 pide que la autonomía incluya libertad de enseñanza y la abolición o equiparamiento de la enseñanza oficial a la privada. Es decir, el reconocimiento de la Escala de Mestres y su mantenimiento con fondos públicos, dotando sus títulos de validez oficial. Sin estas condiciones era muy difícil tener éxito, puesto que los programas oficiales imponían de por sí fuertes contradicciones con la metodología y los objetivos de la normal bardiniana, como ya veremos más adelante. No podía imaginarse Bardina que la autonomía no llegaría y que sus ilusiones se esfumarían con la complicidad o la pasividad de los estamentos que estaban al frente de la política autonomista.

Plan de estudios y conferencias.

El plan de estudios y el reglamento de la Escola eran ya objeto de meditación por parte de Bardina mucho antes de la fundación del centro. El plan incluye más materias que el de las normales oficiales. En él se contienen aquellas materias típicas de la escuela nueva o bien las que procuran a los futuros maestros una formación enraizada en el país. El objetivo del mencionado plan es el de «hacer buenos educadores de ambos sexos, dándoles no solamente la instrucción que el Estado exige para el título oficial, sino, además, todas las enseñanzas que se dan a los maestros en los países sajones y, sobre todo, aquella educación y sentido especial que son el secreto de los verdaderos educadores7». He aquí el plan:

  1. Estudios pedagógicos.
  2. Estudios generales.
  3. Estudios especiales.
  4. Trabajos manuales.
Después de la lectura del plan no creo que sea necesario añadir nada sobre la modernidad y alcance de este programa de instrucción. Otra aportación novedosa era la concepción cíclica del mencionado plan, es decir que las mismas materias eran cursadas cada año con una ampliación encadenada de contenidos. Toda esta transmisión de conocimientos se quería ligada a la educación, a su servicio, contribuyendo a desvelar intereses o vocaciones latentes, enriqueciendo las facultades y haciendo de la educación intelectual costum pensanta.

Una de las formas de vincular este plan de instrucción a la cultura viva eran las conferencias. Se procuraba que destacadas personalidades hablaran en la escuela de sus especialidades, volcando así el entusiasmo y la viveza de quien está apasionado por el tema. De entre los conferenciantes de los cuales tenemos noticias citaremos al Padre Miquel d'Esplugues, uno de los pensadores católicos más influyentes del momento; Josep Puig i Cadafalch, arquitecto y estudioso del arte; al doctor Martí i Julia, una de las más interesantes personalidades del catalanismo; Josep Comas i sola, director del Observatori Fabra; el Padre Francesc Barbens, introductor de la psicopedagogía entre nosotros; Uuís Torres i Ullastres, director de las Escoles del Districte VI; el doctor Alvar Presta, presidente de la Sociedad Barcelonesa de Amigos de la Instrucción; Serra i Pagés, folklorista... Todas las conferencias eran seguidas de coloquio y discusión, costumbre en la que Bardina tenía bien adiestrados a sus alumnos.

No sólo daban conferencias personas forasteras, también lo hacían profesores de la casa e incluso los propios alumnos. En este último caso los profesores hacían la crítica valorando la expresividad, organización expositiva y preparación.

El profesorado.

La Escola de Mestres fue iniciada únicamente con el dinero necesario para material, alquiler y matrículas oficiales. La falta de fondos será uno de los constantes obstáculos de la institución, que repercutirá sobre todo en la retribución del profesorado. Ya hemos hablado de la capacidad animadora de Bardina. Ésta consiguió llevar a la escuela a prestigiosas personalidades como profesores. La lista del profesorado del primer curso es suficientemente expresiva: Jesús Bellido, Josep R. Bulbena, Josep Carner, Gaieta Cornet, Josep Elías, Norbert Font i Sagué, Joan Llaverias, Josep Pijoan, Frederic Rahola, entre otros, además del propio Bardina, su esposa y el doctor Jové9.

Pero el entusiasmo y deslumbramiento inicial muchas veces no se corresponden con medida seria del compromiso que se toma. Así el profesorado fue una de las fuentes de preocupación, principalmente por dos causas. La primera se halla en que algunas de aquellas personas, tan competentes en sus materias, no siempre fueron capaces de hacer que la práctica precediera a la teoría, tal como pretendía la escuela. Bardina, con su criterio de honradez a ultranza, estampa en las memorias la crítica sobre los problemas didácticos de algún profesor: «El doctor Font i Bosch, no tan bien. El profesor sabe mucho (...). Para dar fruto ha de meditar sobre la manera de enseñar10».

La segunda causa fue la falta de sueldo del profesorado, el cual, en su gran mayoría, ejercía gratuitamente. Ello hacía difícil exigir el cumplimiento de su tarea a los profesores. No obstante el trabajo fue positivo, predominando la «práctica, comprensión, discusión, en una palabra: enseñar a pensar, más que hacer erudición».

A partir del segundo año se procura que mínimamente el profesorado cobre y así gane la escuela en estabilidad y exigencia. Esto obliga a una reducción del personal, que pasa de treinta y dos profesores a veinticuatro, previéndose para el próximo curso alguna reducción más.

Quizá valga la pena mencionar que en la Escola de Mestres no existió nunca personal subalterno, no sólo por razón del ahorro, sino por convicción.

Si hacemos un balance del profesorado, teniendo en cuenta las limitaciones y el testimonio que hemos recogido entre los ex alumnos, este balance parece positivo. Hubo preocupación por la educación integral y se consiguió mantener generalmente el objetivo metodológico de la casa.

Queremos remarcar, al acabar este apartado, que para entender como la Escola de Mestres surgió y se mantuvo cuatro cursos con tan escasos recursos, fue gracias a su profesorado. Éste luchaba por un ideal, por la Cataluña soñada, ungido de la mística propia de los buenos educadores del regeneracionismo hacia su profesión. Este entender el magisterio como sacerdocio encontrará en Bardina uno de sus más altos exponentes.

Evaluación.

En la escuela de Bardina no existían los exámenes finales tradicionales, pretendiéndose que la evaluación fuera fruto de la medida del trabajo diario del alumno y de su actitud. Se calificaba la asistencia, el esfuerzo de voluntad, la atención y la asimilación de cada asignatura casi diariamente.

Durante el primer curso se decidió, no obstante, realizar una prueba final, dirigida a seleccionar el alumnado. Se quiso evitar en ella los defectos de los exámenes dentro de lo posible. Se realizó un ejercicio de invención sobre un tema con ocho días para realizarlo. Un ejercicio escrito de un tema, sacado a suerte, durante una hora. Otro ejercicio oral ante un tribunal. Completaba la prueba un ejercicio práctico. Esta prueba se realizó con cada una de las materias. El promedio resultante y el de las evaluaciones del curso, también promediados, formaban la nota final. Véase el ejemplo adjunto:

Hoja de calificaciones de un alumno de la 'Escola de Mestres', curso 1906-1907.

Els alumnes.

Bardina partió de la idea de seleccionar el alumnado de la Escola de Mestres principalmente entre gente obrera, mayor de 13 años y de inteligencia despierta. «Serán pobres aquellos alumnos y habrán de hacer oposiciones para ganarse el pan. Serán naturalmente despabilados11». Se pretende así hacer «obra de misericordia y progreso». Este criterio de selección expresa una de las constantes del pensamiento escolar burgués en Cataluña: el trabajo como virtud, como posibilidad de ascensión social de los individuos por la constancia y el esfuerzo. Este criterio es aún más significativo si pensamos que va dirigido a futuros maestros, ya que ellos han de educar en parecidas virtudes al pueblo catalán, era preciso que lo sintieran en su propia carne.

En consecuencia la composición de alumnado era mayoritariamente de gente humilde e incluso la mitad de los alumnos son calificados de «clase pobre, pobrísima», los cuales «vienen a la Escuela sin nutrición positiva».

El número máximo de alumnos que tuvo la escuela fue unos sesenta. El límite venía fijado por las dificultades de financiación. De todas formas solamente se admitían veinte alumnos por clase. Hubo una selección basada en la capacidad y preparación intelectual. De entrada se admitió a los candidatos según el informe de las entidades patrocinadoras y los datos proporcionados por sus maestros. Resultó que algunos eran incapaces de seguir el nivel de la escuela e incluso alguno sólo sabía leer y escribir. Por éste y otros motivos se estableció la prueba de selección de la que hemos hablado en el anterior apartado. En consecuencia en el primer curso fueron excluidos seis alumnos. Este hecho nos parece significativo de la exigencia a que aspiraba la primera normal catalana.

Tenemos constancia de los alumnos a través de las memorias. Entre las listas publicadas en ellas destacamos a los siguientes: Artur Martorell, Pere Blanc i Blanc, Felix Foguet, Miquel Fornaguera, Artur Brugués, Carme Sagarra, Ramon Sastre, Enric Casassas, Anton Bonet... Algunos de los cuales tuvieron una participación destacada en la renovación pedagógica catalana. La mayoría de los alumnos eran de Barcelona, sin embargo había una media docena de comarcas (Granollers, Borges del Camp, Montblanc, Reus...).

Ya hemos hablado del trato individualizado que recibían los alumnos. «Nosotros -escribe Bardina- hacemos educación individual. El alumno es todo nuestro. Le conocemos íntimamente (...). Base indispensable para toda educación fecunda12».

Dentro de la escuela funcionaban sociedades que agrupaban a los alumnos según sus intereses. Estos grupos establecían sus juntas y reglamentos y estaban abiertas a personas ajenas a la escuela, principalmente a los alumnos de la normal oficial. Tenemos noticia de tres de estas asociaciones: la pedagógica, la religiosa y la deportiva. Bardina refiriéndose a su finalidad educativa las rubrica así: «Iniciativa, despabilamiento, ilusiones, acción».

También los alumnos participaban en entidades foráneas, principalmente en la Sociedad Barcelonesa de Amigos de la Instrucción.

Los alumnos en la escuela cuidaban de todo. Ya se ha dicho que por principio la institución no tenía personal no docente. Todas las tareas estaban distribuidas rotativamente entre los alumnos: portero, vigilancia, barrer y limpiar, administración, impresión de apuntes, reparaciones del mobiliario, botiquín, jardines, instrumentos musicales, enseres de limpiar zapatos, material escolar, pájaros, listas, proyector..., sería largo de referir todos los cargos pero con los citados el lector puede formarse una idea de su variedad. Estos, cargos estaban encaminados a fomentar la iniciativa, el trabajo y la economía13.

El maestro.

En el pensamiento de Bardina ser maestro es algo más que una profesión. Ser maestro es una especie de sacerdocio cívico. El maestro debe ser ante todo persona para poder ayudar a los demás.

Esta visión no es nueva, pero Bardina es quien mejor formula, entre nosotros, esta concepción sacerdotal del magisterio, enlazada con todo el pensamiento regeneracionista y que tiene sus raíces en los ilustrados. Dicha concepción informará la visualización del magisterio por parte de la Renovació Pedagógica hasta la guerra, incluso con ciertos matices, dentro de la corriente racionalista.

No es necesario esforzarse en sintetizar la visión bardiniana del maestro ya que el mismo pedagogo nos da una síntesis en forma de decálogo: Els manaments del bon mestre. No es casualidad que sea un decálogo ya que se deseaba que quedara fijado en el ánimo de los futuros maestros como principio deontológico14.

Ello, justo con la ideología nacionalista y conservadora de Bardina, tendía a configurar la sociedad de acuerdo con los intereses de la burguesía, hecho que no escapa al propio director de la Escola de Mestres cuando, reclamando ayuda económica, argumenta: «Miren los ricos cuanto les interesa estos maestros que harán paz social por todo Cataluña, y verán como, con unas miserables pesetas mensuales, ganarán el 100 por 1 en huelgas evitadas, en gente educada, en trabajador fuerte y listo», o en otro pasaje: «y téngase en cuenta que si un maestro es buen maestro, él es el dueño del pueblo. Y teniendo educadores, tenemos las multitudes ingenuas y las minorías directoras de la mano15».

A los futuros maestros se les quiera hacer vivir en la escuela en aquella sociedad a que aspira la burguesía de la Lliga. Una sociedad donde viven en armonía pobres y ricos, hermanados en un mismo ideal de progreso, comprendiendo que la existencia de clases es fuente de avance. Una sociedad superadora de las diferencias a través de la ética.

En el aspecto formativo Bardina desea un maestro con voluntad. No quiere ni un sabio ni un erudito, le quiere con «iniciativa, cop d'ull, confianza en sí mismo y perseverancia16», cualidades que unidas al servicio de un ideal conseguirá realizarle como persona. El pedagogo de Sant Boi insufla a sus alumnos la convicción de que han de transformar Cataluña con la levadura de la educación nueva. Esta idea la veremos después formulada por los pedagogos catalanes noucentistes en la máxima fer bons ciutadans, hacer buenos ciudadanos.

La vida en la Escola de Mestres.

Para aquellos muchachos que vivieron en la escuela de Bardina la experiencia ha sido imborrable. Casi hace setenta años que la dejaron y aún continúan reuniéndose una y otra vez. ¿Qué tenía aquella escuela que ha mantenido este mágico encanto entre sus alumnos?.

«La Escola de Mestres era un mundo maravilloso -me contaba Carmen Sagarra, ex-alumna y profesora de la Normal de Girona- nadie había imaginado que una escuela pudiera ser así. Limpia y primorosa. Los maestros eran auténticos compañeros».

La normal de Bardina era uno de los pocos oasis en medio del desierto de la rutina escolar. Un ordenado desorden posibilitaba la creatividad y el desarrollo personal. Uno de los aciertos fue comprender las grandes posibilidades de los adolescentes cuando sienten que se confía en ellos y que el adulto es capaz de compartir su mundo, manteniendo su papel de tal. La autorresponsabilidad fue entendida como herramienta educativa eficaz. Era necesario dar margen para el despabilamiento. Los futuros maestros se encontrarían solos en su escuela, así pues desde el primer momento se palpa- han todas las tareas, aprendiendo a desenvolverse por sí solos. Esto les maduraba y los hacía crecer.

El ambiente cordial y lleno de optimismo, junto a la sonrisa de Bardina, era el marco de aquella experiencia piloto, que deseaba formar hombres-maestros. «Hemos dado las enseñanzas tan atractivas como sabíamos; (...) hemos vivido con los discípulos como en familia, jugando con ellos, barriendo con ellos, entristeciéndonos con sus penas y alegrándonos con sus alegrías; (...) les hemos hecho comprender toda la responsabilidad y trascendencia del educador en los tiempos modernos, verdadero sacerdocio. Los resultados han sido grandes. Nuestros discípulos, con las ligerezas de sus 15 años, saben, donde van y la misión que llevan, idolatran las cosas pedagógicas, adoran la Escala de Mestres. Con esta palanca tenemos suficiente para hacerlos hombres, para hacerlos maestros».

Sobre esta actitud de convivir y participar de las ilusiones y proyectos de los alumnos me contó Fornaguera: «Un día estábamos en la azotea de l'Esmeralda y sucios de trabajar la arcilla y sudados por el calor, se nos ocurrió fabricar con una manguera y el cabezal de una regadera una ducha. Cuando nos estábamos duchando, apareció Bardina. Todos creímos que recibiríamos una repulsa. Bardina, al contrario, nos felicitó y nos dio sugerencias de como arreglar mejor la rudimentaria ducha para hacerla estable y hasta regulable. Trabajo que emprendimos al día siguiente». Así era Bardina, el cual no dudaba en encaramarse a los pinos con sus discípulos o entusiasmarse con sus ideas. Este vivir los intereses de los muchachos, junto con la capacidad de utilizar cualquier situación con finalidad educativa, hacía de Bardina un maestro capaz de ser compañero y educadores a un tiempo.

Con este ambiente no era de extrañar los domingos o en vacaciones ver a los alumnos ir a la Esmeralda a terminar un torneado, un experimento, a arreglar el jardín o a leer a la biblioteca.

Los muchachos sentían como suya la escuela y como ya se ha dicho cuidaban de todo, desde la limpieza a la administración. Más de un visitante se sorprendía de verse atendido por un alumno que le entretenía enseñándole la escuela o el jardín hasta que podía ser recibido.

La exigencia presidía la actividad. Siete horas de clase y dos de estudio eran el quehacer diario de la escuela.

La educación moral.

Uno de los pilares del individuo es, para Bardina, la moral ligada estrechamente al ejercicio de la libertad. En otro trabajo de esta obra es estudiado el tema. Sólo quiero dejar constancia de que nuestro pedagogo se sentía satisfecho de los resultados de la Escala de Mestres en este aspecto, corroborados por el testimonio de los exalumnos. El ambiente de espontaneidad y buena camaradería no podía tener otra fundamentación ideológica. Aquella relación positiva entre compañeros y entre alumnos y profesores no podía basarse en el castigo, que impone a la larga una moral hipócrita. Se deseaba que aquellos futuros maestros basaran su actuación en la lealtad y la sinceridad17. Esto junto con una actitud tolerante y respetuosa hacia las propias convicciones, creó una buena relación interpersonal.

Joan Bardina deseaba ir más allá de una moral fundamentada en el deber para ir a desembocar en el entusiasmo.

La educación física.

En lo que se refiere a la educación física e higiene la presencia de las ideas de Spencer es notable en Bardina. Éste plantea la educación física, en su normal como importante componente de la educación integral. Planteo muy progresivo en su época. El fin de la educación física es hacer hombres fuertes y potentes, como contribución a la armonía y equilibrio personal. Convencidos los maestros de la importancia de la educación física, espera Bardina que ésta se extenderá por toda Catalunya y con ella vendrá la regeneración física del pueblo. «Sería inútil ir hacia una Cataluña conquistadora del pensar y por la acción, sin esta regeneración física», nos dice el pedagogo samboyano. Recuerde el lector el preocupante panorama de enfermedades infantiles existente en las primeras décadas del siglo.

En la Escola de Mestres la educación física era asunto más importante que saber leer y escribir. Para Bardina la mencionada educación comprende: gimnasia, juegos, higiene, agilidad, excursiones y trabajos manuales. Visión globalizadora que no limitaba la educación física sólo a ejercicios reglados o al deporte.

La gimnasia fue practicada bajo la dirección de Jaume Vila, y por los datos que tenemos se realizaban cuatro sesiones semanales de gimnasia sueca. Eran los primeros alumnos normalistas de España que hacían sistemática- mente gimnasia y se procuraba que descubrieran el deleite de practicarla.

Los juegos eran cultivados como asunto importante. En los amplios patios de la Esmeralda los chicos y chicas practicaban juegos convencionales, de equipo y agilidad.

Bardina tenía especial interés en rechazar lo que él llamaba el tipo de escuela latina, sólo preocupada por el intelecto. Los alumnos de su escuela fueron rápidamente subidos al carro del estallido deportivo del inicio del siglo.

Los hábitos de higiene como complemento necesario para mantener la salud fueron inculcados desde el primer curso. No fue tarea fácil vencer la rutina social y que naciera el hábito de limpiarse frecuentemente las manos, ir con la ropa aseada, mantener limpios los mapas, cuadernos y otros objetos de trabajo, lograr que no se ensuciaran los suelos ni las paredes, imponer la ducha y el lavabo como necesidad o limpiarse diariamente los dientes. En el aspecto higiénico la Escola de Mestres fijó una de las connotaciones de las escuelas renovadas catalanas que le seguirían: la pulidez y la limpieza como necesidad higiénica y estética.

La agilidad comprendía, según Bardina, la gimnasia natural: subir paredes, saltar márgenes, escalar árboles... «Haciendo la educación del cuerpo por la agilidad, es decir, sortear peligros naturales por medio de la flexibilidad del cuerpo, guiada por un entendimiento claro y astuto».

Las excursiones, además de su finalidad didáctica para la geografía y la historia, como ya hacían los hombres de la Institución Libre de Enseñanza, tenían en la Escola de Mestres una finalidad básicamente física de educar el esfuerzo y la resistencia. Grandes caminatas de diez horas ponían a aquellos chicos de ciudad con el aire puro y la naturaleza. Las salidas se efectuaban, generalmente en domingo y eran presididas por el espíritu excursionista, con la significación que en aquella época tenía el término y que tanta trascendencia cultural ha tenido en Catalunya. Las excursiones eran, además, ocasión para conocer a los alumnos y motivo de formación. En esto Bardina, como dice muy acertadamente Galí18, es una especie de antecesor del escultismo catalán, ya que utiliza educativamente las salidas al campo de forma parecida al método escultista. Planteadas las excursiones como aventura, a veces sin que se sepa el destino, eran momentos de alto valor educativo. Como muestra transcribimos uno de los más completos informes que Bardina nos dejó de una excursión, por cierto de las más duras: «A Sant Llorenç de Munt, a pie. Asistencia 22. Salida de Barcelona a las 6 de la tarde, subiendo por el Tibidabo. Luna llena, cenando en la plaza de Sant Cugat. A Sabadell donde llegamos lloviendo a las doce de la noche. Descanso de una hora en el local de la «Lliga Regionalista», la cual obsequió a los excursionistas con café y tres tartanas, para marchar a Matadepera, donde llegamos a las 3 de la madrugada, llovisqueando. Subida al gran Turó, amaneciendo, llegando a las 6 de la mañana; y sin descansar baja a can Poble a misa, esperándola organizamos juegos de rescate. Comienzo del Herbario de la montaña, recogiendo unas 50 variedades y colocándolas ya en sus papeles de envolver. Comida en la cima del monte. Después, a correr por los alrededores, obligándonos una lluvia torrencial a meternos en el pajar. Al caer la tarde, continuación del Herbario. A dormir a las 10, levantándonos a las 3 de la madrugada. Hacia la Roca del Drac, desde donde contemplamos la salida del sol. Bajada a Sta. Agnès, donde terminamos el Herbario (unas 180 especies arregladas) y arrancamos del lago interior pequeñas estalarcitas. Vuelta a toda la montaña, para caer a can Poble, desde donde vamos al Cavall Bemat, desde el cual dibujamos toda la silueta de la montaña, que dejamos atrás. A Matadepera, Terrassa (donde comemos), Rubí, Sant Cugat (6 tarde). Rabassada, Tibidabo, llegando a las 10 de la noche a casa. Duración de la excursión: 52 horas. A pie: 34 horas. A caballo: 2. Descanso: 16 horas. Todos con la comida para dos días a cuestas19».

Estas excursiones encontraron fuertes resistencias por parte de las familias, principalmente las de chicas. La escuela acabó por fijar las excursiones obligatorias (las de menos de 7 horas de camino) y exigiendo justificación de los médicos del centro para dejar de asistir. En el curso 1907-08 la asistencia a estas salidas era de un 87%. Los muchachos con una asiduidad del 99% y del 87% para las chicas.

Los trabajos manuales los entiende Bardina como medio de educación corporal, inventiva, ejercitación de la paciencia, gusto estético, instrucción y sentido de realidad. Para el cuerpo son un buen aprendizaje de destreza y visualización y un buen vigorizador corporal. En la Escala de Mestres los trabajos manuales incluían desde aquellos aspectos más creativos como moldear hasta los que eran simples tareas útiles como lavar. Remito al lector al plan de estudios donde se hallan especificados.

Para el pedagogo de Sant Boi la educación física es sinónimo de «educación energética de la voluntad, pasta de hombres resolutos, que solventan todas las dificultades por la ciencia, por la astucia o por la fuerza... Así deseamos a nuestros discípulos y así harán ellos a los catalanes del mañana: potentes, emprendedores, resolutos, enérgicamente constantes20».

Conclusión.

El curso de 1909-10 fue el último de la Escala de Mestres. La causa de su clausura fue principalmente las dificultades económicas. Eran cada vez más escasas las aportaciones que recibía la escuela y la deuda alcanzó la cifra de 40.000 pesetas. La Diputación de Barcelona, que podía salvar la institución, negó su ayuda. Sobre las motivaciones de este hecho, como ya se ha dicho, planean los intereses de la política de la Lliga. En otro plano el arrinconamiento de la Escola se ha de cifrar en su espíritu romántico, modernista es la palabra justa, que chocaba con la nueva mentalidad noucentista, que empezaba a regir en los hombres que detentaban el aparato cultural de la Diputación barcelonesa. Galí denuncia la falta de rigor metodológico en la preparación didáctica de los futuros maestros21. Son los años de la pedagogía científica y experimental. La intuición y el «personalismo» bardiniano no encajaba dentro de la pulcritud, el orden y la profesionalidad noucentista.

Tampoco podemos olvidar otros factores como el espíritu tolerante que en materia religiosa y moral tuvo Bardina, no acababan de ser comprendidas por el sector católico22.

Los discípulos continuaron unidos después del cierre de la escuela. Felix Foguet se encargó de reunir a los compañeros. Incluso se alquiló un piso muy pequeño, donde continuaron planteando futuras empresas, se forjaron proyectos y se realizaban estudios, todo ello presidido por el magisterio de Bardina. Después de la dispersión de los discípulos en el año 1916, los que se quedaron en Barcelona editaron una revista «... de l'Escola», la cual tenía por finalidad mantener el vínculo a pesar de la distancia.

Después de la marcha o auto exilio de Bardina, los discípulos han continuado reuniéndose hasta la actualidad. Nos parece muy significativo que tan larga unión se deba a las vivencias de cuatro cursos y el recuerdo de un maestro. Fueron cuatro años decisivos para su formación humana y aquí radica el éxito de Bardina, haber proporcionado una formación personal por encima de la estrictamente técnica.

Hacer un balance de la Escala de Mestres no es cuestión fácil. La Escola se nos aparece en vanguardia de muchas de las realizaciones catalanas posteriores. Entre los caracteres más notables e innovadores destacamos la incorporación de la educación física, el contacto con la naturaleza y la preocupación por la higiene; el ambiente de comunicación entre maestro y alumno; la valorización del esfuerzo y la investigación personal dentro de un marco estimulador de la creatividad; la autogestión del centro por los propios alumnos como medio educador de la responsabilidad, civismo y trabajo; el valor educativo de la libertad; la escuela abierta a la vida real; la coeducación como vehículo formativo; el plan de estudios cíclico y la adaptación a Cataluña de los contenidos del plan, etc. De hecho nada nuevo, pero sí que lo es el plantearlo como un todo coherente en la Cataluña de aquel momento, y más si se piensa que se hace desde una óptica conservadora y al servicio de esta ideología.

La normal de Bardina no se preocupó demasiado por la adquisición de técnicas de didáctica, metodología o experimentación, pero infundió algo que está en la base de toda renovación escolar: la educación activa. Los muchachos de la Escala de Mestres fueron el auténtico motor de la primera normal catalana y no obstante las dificultades aprendieron este principio básico en su propia piel.

La Escala de Mestres expresó la voluntad de lograr para Cataluña una escuela normal que formara maestros para conseguir la catalanización de la escuela a la vez que su renovación. Maestros conocedores de nuestro bagaje cultural y que respondan a nuestra identidad nacional. Lógica aspiración, basada en el respeto a los derechos del niño, que no se alcanzará hasta que la Generalitat, ya en los años treinta, pondrá en marcha la Escola Normal.


Notes:

1Joan Bardina, Escola de Mestres. Memoria del curs 1906-07. Barcelona, 107, p. 6.
2Op. cit., p. 7.
3Relacionamos a continuación las entidades citadas así como el número de alumnos que becaban cada una. Los datos están tomados de la mencionada memoria de 1906-07. Ayuntamiento de Barcelona, 6. Diputación de Barcelona, 6. Agrupació Catalana d'Agramunt, 1. Centre Autonomista de Dependents del Comer9 i la Indústria, 1. Agrupació Regional de Terrassa, 1. Centre Catala de Sabadell, 1. Ateneu Obrer Catala de Sant Martí, 1. Cambra Agrícola Oficial de Montblanc, 1. Agrupació Catalanista del Casino Mercantil, 1. Centre Catala d'Horta, 1. Associació Protectora de l'Ensenyança Catalana, 2. Foment Martinenc, 1. Unió Catalanista, 2. Escoles del Districte II, 2. Federació Escolar Catalana, 2. Centre Autonomista Catala de Sant Gervasi, 2. Cambra Agrícola Oficial del Valles, 1. Cercle Catolic de Sants, 1. Lliga Regionalista de Barcelona, 3. Ajuntament de Papiol, 1. Associació Catalanista de Montblanc, 1. Ajuntament de Sarria, 1. Ateneu Democratic Regionalista del Poble Nou, 1. Ateneu Barceloní, 2.
4Cf. Joan Bardina, Pedagogia Nacional, Estudis Univesitaris Catalans, gener-febrer 1907, pp. 31-33.
5Joan Bardina, Escola de Mestres. Memoria del curs 1907-08. Barcelona, 1908. p. 24.
6Op. cit., p. 57.
7J. Bardina, Escola de Mestres. Memoria del curs 1906-07. Barcelona, 1907, p. 11.
8El colegio Mont-d'Or fue fundado por Joan Palau Vera el año 1905. Instalado en Sant Gervasi, tenía inspiración fröbeliana y decrolyana. Centro de gran prestigio destinado a preparar a los hijos de la burguesía dentro de un espíritu de escuela nueva.
9Véase la lista completa en la ya citada memoria de 1906-07, p. 9.
10Joan Bardina, Escola de Mestres. Memoria del curs 1907-08. Barcelona s. a., p. 31.
11Joan Bardina, Escola de Mestres. Memoria de 1906-01. Barcelona s. a., p. 7.
12Memoria de 1907-08, ya citada, p. 24.
13Para la lista completa de cargos y su valoración consúltese la memoria de 1907-08, pp. 28 y 29.
14Els Manaments del Bon Mestre están reproducidos en la antología de textos de Bardina que presentamos al final de esta obra.
15Memoria 1906-07, ya citada, pp. 42 y 43.
16La locución cop d'ull, que debe traducirse por vistazo, ojeada, ha de entenderse aquí como rápida composición de los hechos.
17Cf. Joan Bardina, Revista d'Educació, n.º 1, enero 1911, p. 29.
18Alexandre Galí, Historia de les institucions i del moviment cultural a Catalunya. 1900-1936. Obra a punto de publicarse al redactarse estas notas.
19Memoria del curso 1907-08, ya citada, pp. 18 y 19.
20Memoria de 1906-07, p. 32.
21Cf. Galí, op. cit.
22Según testimonio de Carme Sagarra, Galí discrepaba de Bardina en este aspecto.
 

6. La pedagogía agonística de Joan Bardina. Joan Bardina, un revolucionario de la pedagogía catalana. Índice. Joan Bardina, un revolucionario de la pedagogía catalana. 8. Bardina y la 'Revista de Educación'. Joan Bardina, un revolucionari de la pedagogia catalana.

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