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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Capítulo 4. El buen uso de los instrumentos. El poder del dinero. Índice. El poder del dinero. Capítulo 6. La imparable abstracción. El poder del dinero.

Capítulo 5. Aristóteles contra Platón.

Una visión «interesada» de la historia de la moneda ha hecho predominar la visión aristotélica de la moneda (tercera mercancía con valor intrínseco) por encima de la visión platónica (signo monetario abstracto con el cual hacer una regla de tres).

Inevitablemente, tenemos que hacer referencia, aunque sea mínimamente, a la historia para intentar comprender de dónde ha surgido el enredo. Es entre Platón y Aristóteles que los libros de historia del pensamiento económico sitúan normalmente el inicio de la polémica sobre la moneda.

Platón propuso que el dinero fuese un «símbolo» arbitrario para facilitar el intercambio. Era hostil al uso del oro y de la plata ya que, según él, el valor del dinero tenía que ser independiente del material con el que se fabrican las monedas.

Aristóteles, en consciente oposición a la teoría de Platón, fue el padre del siguiente razonamiento: (partiendo de estas premisas) la existencia de una sociedad no comunitaria implica el intercambio de bienes y servicios; este intercambio toma al principio la forma de trueque; pero la persona que desea lo que otra tiene carece, tal vez, de lo que ésta desea; (concluye) será, por lo tanto, necesario aceptar a cambio alguna otra cosa que no se desea, con el fin de obtener lo deseado por medio de otro trueque; entonces este hecho inducirá a la gente a elegir una mercancía como medio de cambio; los metales acostumbran a ser escogidos por sus características de homogeneidad, divisibilidad, manejabilidad y estabilidad relativa del valor. Esta visión metalista ha predominado hasta hace muy poco, a pesar de las graves contradicciones a que la realidad la ha sometido.

En resumen, éstas son las dos posiciones sobre las que a lo largo de los siglos, en Occidente, se han ido haciendo diversas variaciones sobre dicho tema sin demasiado acuerdo. Las teorías a veces eran complementarias y a veces contradictorias con las prácticas monetarias. La historia de la moneda y de sus teorías es una historia llena de confusión y de crisis.

Joseph A. Schumpeter.El propio Schumpeter en su monumental obra sobre la historia del análisis económico1, reconoce que «cualquiera que sean sus debilidades, esta teoría -de Aristóteles- aunque siempre fue discutida, predominó substancialmente hasta finales del siglo XIX e incluso más tarde. Es la base del núcleo de todo trabajo analítico realizado en el terreno del dinero». Ha influido de manera tan poderosa que hoy en día el ciudadano corriente continúa pensando que el papel moneda que se emite corresponde a una cantidad de oro encerrada en los sótanos del banco central y desconoce, en general, la creación bancaria de dinero.

Las teorías monetarias actuales reconocen y aceptan los cambios realizados en el sentido de la progresiva abstracción de la moneda, pero, a pesar de que muchas de ellas describen una realidad monetaria totalmente desvinculada de la teoría metalista continúan estando, en general, bloqueadas para imaginar un sistema monetario diferente. El sistema monetario se convierte, así, en el fruto de los acuerdos entre las potencias económicas y en el resultado de los fracasos de las autoridades monetarias mundiales, siempre tentadas a arrastrar el peso de los metales ante la «magia» de un dinero desvinculado de todo, que el sistema bancario ha creado y que no se sabe controlar.

Karl Marx.Todo ello es el resultado del dominio -teórico y práctico- de la visión aristotélica -el metalismo- que ha durado hasta hace muy poco. «El metalismo teórico, generalmente asociado con el práctico, aunque no siempre, se mantuvo en vigor a lo largo de los siglos XVII y XVIII y triunfa, finalmente, en la «situación clásica» cristalizada en el último cuarto del siglo XVIII. Adam Smith ratifica substancialmente el metalismo. Y durante más de un siglo fue aceptado casi universalmente -por Marx, implícitamente, más que por ningún otro- hasta el punto de que la mayoría de los economistas llega a sospechar no sólo de la inconsistencia del razonamiento, sino incluso algo así como de propósitos inconfesados detrás de toda expresión de opiniones antimetalistas2».

«Pero, también, hubo una tradición antimetalista sin duda más débil, pero no menos antigua, si se admite que sus orígenes se encuentran en la obra de Platón3».

John Law.Uno de los intentos más audaces tanto en el campo teórico como en el práctico fue el llevado a cabo por John Law en Francia a principios del siglo XVIII. «Elabora la doctrina económica de su proyecto con una brillantez y con una profundidad que le sitúan en la primera fila de teóricos monetarios de todos los tiempos. Pero es evidente que su análisis fue condenado durante dos siglos aproximadamente, principalmente por el fracaso de su Banque Royale (...) de la Compagnie des Indes absorbida por ella, debido a que las aventuras coloniales en que estaba envuelta la segunda no resultaron ser en aquel momento sino fuente de pérdidas».

«Si aquellas empresas hubieran sido un éxito, el grandioso intento realizado por Law de controlar y reformar la vida económica de una gran nación mediante los resortes financieros habría asumido un aspecto muy diferente para sus contemporáneos y para los historiadores». «Law subraya que las virtudes del papel moneda consisten en que su cantidad se puede reducir a una administración racional». «La plata que sirve de dinero (...) es perfectamente sustituible por un material más barato y, en caso límite, incluso por un material que no tenga ningún valor como mercancía, como el papel impreso, ya que el dinero no es el valor por el que se intercambian bienes, sino el valor mediante el que se cambian». «Existía un gran plan, muy avanzado y en el camino del éxito: era el plan de controlar, reformar y elevar a los más altos niveles la economía de Francia. Esto es lo que hace del sistema Law el antepasado genuino de la idea de moneda dirigida [lo que] significa administración de la moneda y del crédito como medio de dirigir el proceso económico (...) idea posteriormente perdida... hasta que se impuso a partir de 19194».

Este es un ejemplo del peso de la inercia de los paradigmas que constituyen, guían y encajonan nuestra visión de la realidad. Cuando en 1919 se empieza a aceptar el papel moneda y a superar la necesidad de su convertibilidad en oro, ya se iba de nuevo con retraso. La extensión de las cuentas corrientes y de los cheques, con la correspondiente expansión del crédito y la invención de dinero bancario, comenzaba a hacer insuficiente el uso del papel moneda que ya no era adecuado para «reducir su cantidad a una administración racional» como decía Law. Hoy, con la introducción masiva de tarjetas de pago, se reduce todavía más el efectivo en manos del público y aumenta, por tanto, la capacidad de creación de depósitos bancarios, de manera que billetes y piezas metálicas tienen cada vez menor cuota de uso.


Notas:

1Schumpeter, Joseph A. (1954), Historia del Análisis Económico, Editorial Ariel, Barcelona, 1982, página 100.
2Íd., página 338.
3Íd., página 341.
4Íd., página 343.

Capítulo 4. El buen uso de los instrumentos. El poder del dinero. Índice. El poder del dinero. Capítulo 6. La imparable abstracción. El poder del dinero.

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