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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Prólogo a la segunda edición. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Índice. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. I parte. Introducción. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad.

Presentación.

Nuestro universo visual, en cualquiera de los hechos que transcurren en nuestra sociedad con el uso de la moneda, es muy restringido y está muy por debajo de lo que actualmente permitirían las tecnologías agrupadas bajo el nombre conjunto de telemática.

Con referencia a cualquier fenómeno monetario, nadie -ni el político, ni el juez... ni el empresario, ni el responsable de una institución liberal... ni el economista, ni el sociólogo... ni cualquier modesto ciudadano- no puede actualmente saber, con exactitud y precisión, nada sobre las clásicas preguntas: ¿quien?, ¿cuando?, ¿como? y ¿porqué?

De cara a la actuación de la justicia, es evidente que mientras no se pueda contestar a estas preguntas -y muy especialmente a la de «quien»-, nuestra civilización no será otra cosa que un campo de cultivo de irresponsables.

De cara a la marcha diaria del mercado y de toda la sociedad, en general, estos no podrán conocer un desarrollo real y pleno hasta que no cuenten con un medio eficaz para superar la situación de total desinformación en que vivimos.

Igualmente, de cara al conocimiento, teórico y práctico del mercado y de la sociedad, podemos decir que ésta no progresará, ni podrá hacerse experimental, mientras no exista un sistema racional de medida y documentación de cada fenómeno elemental que haya sucedido.

Actualmente, la información es uno de los elementos básicos en todo hecho humano, incluso en los mas elementales, empezando por los planteamientos de algunos biólogos actuales, que dicen «vida es información» (refiriéndose a la información contenida en los genes? y finalizando por las modernas tecnologías informáticas, de tratamiento de la información, sin información adecuada no puede desarrollarse, con un mínimo de eficacia, ninguna actividad.

La idea de la moneda como información circulante y del sistema monetario como sistema de información no es nueva, pero si que podemos decir que se le ha prestado poca atención y que las consecuencias de este planteamiento no se han llevado hasta el final. Teniendo en cuenta la importancia de la información en nuestros días, creemos que este olvido es muy grave: nos hace falta, pues, el hacer una revisión a fondo del tema. Este será el objetivo del presente estudio.

La circulación monetaria tiene, en la actualidad, dos formas principales: los billetes de banco, títulos al portador que circulan sin dejar ningún rastro y que por este motivo podemos llamar circulación anónima-impersonal, y el dinero escritural o dinero bancario, es decir, las cuentas corrientes bancarias y formas similares, que sí que están personalizadas y por este motivo hablaremos de circulación personal-documentada.

La circulación anónima-impersonal es, por su misma naturaleza, la causa de la actual desinformación sobre los fenómenos monetarios: con respecto a la circulación personal-documentada, si bien ofrece mas garantías de información, estas se hunden desde el momento que este tipo de circulación se puede convertir, siempre que convenga al interesado en circulación anónima-impersonal -ya que no es, de hecho, mas que una circulación auxiliar y secundaria, derivada de la primera-.

Nos encontramos, pues, que el sistema monetario actual no es un sistema de información. sino, al contrario. un sistema desinformativo.

Para superar esta situación, proponemos la sustitución de estas dos circulaciones actuales, por la circulación de un único tipo de instrumento monetario, que llamaremos factura-cheque. La factura-cheque será plenamente personalizada y solo servirá para un único acto monetario elemental; además se servirá de la tecnología telemática (o informática a distancia), de manera que será un instrumento muy ágil y cómodo. Con estas características fundamentales, el sistema monetario puede adquirir la cualidad de sistema de información, para captación automática y continua de las magnitudes monetarias sobre los fenómenos concretos subjacentes a ellas.

Una comunidad geopolítica1 que pusiera en práctica un sistema monetario como el que propondremos, tendría la triple posibilidad de:

A nivel justicial, disponer de la documentación antejusticial precisa, que permitiría juzgar, con rapidez, eficacia y objetividad, sobre las responsabilidades personales en cualquier crimen o delito cometido por dinero.

A nivel de mercado y de sociedad total, conseguir un desarrollo pleno y armónico, gracias a la clarificación e información aportada por unas estadísticas y análisis dinámicos y continuos de toda la actividad monetaria -sin que la información de tipo estrictamente personalizada pueda ser conocida por nadie mas que la Justicia y teniendo en cuenta que incluso ésta, no podrá hacer uso de la misma si no es justificadamente.

A nivel de la mercología, disponer, finalmente, de un instrumento métrico-contable para la medida objetiva de todos los fenómenos elementales del mercado, lo cual significa el poder convertir el estudio del mercado en una disciplina verdaderamente experimental-cuantitativa.

Todo y que partiremos del estudio y análisis de los sistemas monetarios, para proponer una reforma importante de ellos, en último término, aquello que mas nos interesa son las realidades sociales que pueden derivarse de esta reforma. Nuestro interés, pues, no se centra tanto en la mercología como en la sociología; y todavía mas, en el arte política.

La reforma monetaria que proponemos es, en si misma y por ella sola, éticamente neutra, en el sentido que no es ni buena ni mala, sino que como cualquier otra tecnología -no olvidemos que el sistema monetario es un instrumento técnico-auxiliar inventado por el hombre- su posible bondad o maldad es función, única y exclusivamente de la utilización que de él se haga.

El hombre construye muchos instrumentos, cosas totalmente inertes que lo ayudan en sus tareas, pero después puede utilizarlos de muchas maneras, en función de intereses y objetivos sociales muy diversos; únicamente estos usos sociales pueden ser tildados de buenos o malos y nunca los instrumentos en si mismos.

A partir de esta constatación fundamental, podemos hacer una distinción clarificadora entre autopolítica y antipolítica.

Auto y Anti son dos prefijos de origen griego; el primero significa «mismo, por si mismo... espontáneamente y expansivamente...»; el segundo significa «contra», pero aquí le daremos el matiz específico de «el contrario, deliberadamente practicado (del término que cualifica)». Delante de un mismo elemento linguístico, como es el caso de «política», «auto» y «anti» expresarán las dos caras sociales del concepto significado por dicho elemento.

El sistema monetario que proponemos establecer, será un instrumento muy potente de información y ya es sabido que quien tiene la información, el conocimiento, el saber, tiene también el poder, la capacidad de actuar, dirigir, conducir, elaborar estrategias (mercantiles, sociales, políticas...).

Hay que preveer muy bién, pues, como se utilizará este instrumento. Será utilizado antipolíticamente por una minoría, en beneficio propio y en contra de los intereses de la mayoría, convirtiendo el poder sobre las cosas en un poder ilegítimo sobre las personas?

¿Será la información reservada a una minoría, o abierta a la totalidad de la comunidad geopolítica?

Por nuestra parte, nos declaramos abiertamente partidarios de una utilización autopolítica de la reforma monetaria que comprenda los siguientes objetivos sociales:

  1. Dar acceso libre y gratuito, a todos los miembros de la comunidad geopolítica, a toda la información monetaria de tipo analítico-estadístico y encargar a la Justicia, la protección de toda la información monetaria de tipo personal-privado.
  2. Dar a todos los miembros de la comunidad geopolítica, todas las libertades fenoménicas concretas de las que todavía carecen, pero que son posibles en función del nivel técnico actual.
  3. Dar sus derechos jurídicos a todos los miembros de la comunidad geopolítica y de entrada, darles plena igualdad jurídica sin ninguna acepción de persona ni excepción de cosa.
  4. Dar bienestar creciente al máximo de personas, en función de la eficacia de los conocimientos de producción material y de los conocimientos de servicio liberal.
  5. Dar autopacificación interna y protección externa eficaces a todos los pueblos acogidos en la comunidad geopolítica.
  6. Y en el límite de la acción política exterior, buscar, sin tregua ni descanso, la lenta autopacificación entre todas las comunidades geopolíticas, entre todas las culturas y entre todas las civilizaciones.

Todos los objetivos citados, pueden resumirse y concretarse en dos, en los cuales centraremos buena parte de este ensayo.

El primero es la desaparición pacífica de todo tipo de poder sobre las personas y su sustitución por un legítimo poder eficaz sobre las cosas y mando social de las personas, nacidas todas libres.

Poner esto en práctica, implica una reforma a fondo de los aparatos estatal, de justicia y étnicos autonómicos. En primer lugar los miembros respectivos de estos aparatos han de ser plenamente responsables de su actuación, por lo que han de comparecer ante la Justicia, al final de sus mandatos; en segundo lugar, las atribuciones de cada órgano han de estar muy bien determinadas y limitadas al mínimo necesario, siempre según el principio de subsidiariedad; y en tercer lugar, la Justicia ha de gozar de una plena independencia respecto al Estado.

Wassily Leontief.El segundo objetivo es la desaparición pacífica de toda clase de miseria material o marginación social por razón de dinero. Esto implica la elaboración de una política de rentas adaptada a las posibilidades que ofrece el nivel de desarrollo tecnológico-productivo actual. Que hoy día es posible el dar dinero a todo el mundo, ya no lo puede negar nadie. Wassily Leontief2 afirma: «La historia del progreso tecnológico a lo largo de los últimos 200 años es, esencialmente, la historia de la especie humana haciendo, lenta pero constantemente, su camino de vuelta al Paraíso. Pero ¿que pasaría si de repente nos encontrásemos en él? Si se nos ofrecieran todos los bienes y servicios sin trabajar, nadie trabajaría. Si no hay trabajo no hay salarios, por lo tanto hasta que no formulásemos nuevas políticas de rentas, apropiadas para adaptarse a las nuevas condiciones tecnológicas, nos moriríamos de hambre en el Paraíso».

Efectivamente, los procesos de producción material van prescindiendo, cada día mas, de un factor que antes era fundamental: el trabajo humano. Este es un hecho que se impone con evidencia y delante del cual no podemos cerrarnos de ojos; pero debemos darnos cuenta que no se trata de un hecho negativo, sino de un hecho altamente positivo: ¿que mejor para el hombre, que liberarse finalmente del trabajo, de la tarea rutinaria y sin aliciente? No hace falta ser muy avispado para comprender que si las máquinas producen, si hay producción, ha de haber también el dinero preciso para absorberla; y si el mercado no genera espontáneamente este dinero -precisamente porque no hay trabajo-, entonces es tarea del político el inventarlo y repartirlo equitativamente, en función de las necesidades mas evidentes, tanto del mercado como de la sociedad y esta tarea del político no es difícil de organizar si se cuenta con un sistema monetario plenamente informativo.

Pero todo esto debe hacerse respetando siempre al máximo, incluso favoreciendo, la iniciativa privada y la propiedad privada de los medios de producción, ya que la historia nos enseña que son precisamente estas instituciones las responsables de la fecundidad, dinamicidad y progreso técnico constante del mercado productivo.

Permítanos, el lector, unas reflexiones finales sobre la reforma del sistema monetario que propondremos: la sustitución de los actuales billetes de banco y otras formas auxiliares, por la factura-cheque pro-telemática y bipersonal.

Esta sustitución es muy fácil de realizar, tanto desde el punto de vista técnico, como desde el punto de vista social.

Técnicamente la telemática está ya a punto para hacer posible, a no muy largo plazo, la implantación de la factura cheque como único instrumento monetario.

Socialmente, solo hace falta observar que el sistema monetario es una estructura abstracta y convencional, exterior al hombre, de carácter instrumental-auxiliar, para comprender que su reforma no ha de provocar ni resistencias psicológicas ni trastornos sociales de tipo alguno. La prueba es que ya se está utilizando en muchos países incluido el nuestro, el dinero electrónico -por no mencionar la expansión rápida y generalizada de las cuentas corrientes-.

Así pues la reforma que proponemos es, antes de nada, una cuestión de voluntad política.

La revolución telemática es hoy, ya, un hecho imparable que afectará cada vez mas todos los campos de la actividad humana -siempre, no lo olvidemos, en una dimensión auxiliar-. Como toda tecnología, la telemática es, en si misma, neutra. susceptible de utilizaciones éticamente muy diversas. «En espera de que sea efectivamente creada una reglamentación estructurada, la nueva tecnología permanecerá como sinónimo de centralización represión, intrusión, dominación. Lástima. La tecnología no es otra cosa que un instrumento para una mayor eficacia, Ciertamente, los «malos» pueden oprimir, torturar, espiar y explotar mas y mejor que nunca. Pero, al mismo tiempo, la tecnología permite al hombre el escuchar, informar, ayudar y proteger al prójimo mucho mas que nunca había podido imaginar. Devuelve la vista a los ciegos, el oído a los sordos, mide con precisión, reparte con equidad, tiene éxito en operaciones quirúrgicas increíblemente delicadas. Da a los disminuidos y a las personas de edad los medios para expresarse, desplazarse, comunicarse y hablar con los demás»3.

La telemática implica necesariamente, o bien una gran esperanza para todos los pueblos del planeta, a condición que se entregue como un instrumento de acceso gratuito, dedicado al servicio de la libertad y de la información de todas las personas; o bien una gran amenaza de mas poder sobre las personas por parte de los poderosos de siempre: poderes fácticos, estatismos, sistemas policíacos, militarismos...

Eric Arthur Blair (George Orwell).Concretamente, el dinero electrónico, si no estamos atentos, nos puede llevar antes al despotismo absoluto profetizado por Orwell y Huxley, que no al mundo de libertades concretas que proponemos nosotros. Tal como se está desarrollando actualmente, el dinero electrónico constituye sistemas de información muy parciales y cerrados, limitados a unos núcleos privados muy reducidos.

Por esto, es preciso que una decisión y voluntad autopolíticas sean constituidas rápidamente. Lanzamos desde aquí un llamamiento a la revolución de no-violencia inteligente y activa de todos los pueblos del planeta: porque aquello que es técnicamente posible, llegará a ser realidad concreta tan pronto como un pueblo esté íntimamente convencido de ello. Y vale mas demasiado pronto que demasiado tarde.

La crisis de la actual civilización y las posibilidades liberadoras de una nueva tecnología este es el reto al que nos enfrentamos los ciudadanos de estas postrimerias del siglo XX.


Notas:

1 Hoy día, se utilizan corrientemente los términos Estado o Nación, para designar las comunidades organizadas políticamente. Consideramos que estos términos son poco precisos, o mejor aún, radicalmente inadecuados: Estado es sólo una pequeña parte de la comunidad total, aquella en la cual se ha delegado el mando político, nación quiere decir simplemente «grupo de nacimiento, grupo en el cual nacen los seres»: se trata pues de un hecho natural, común a hombres y animales, que no tiene nada que ver con la organización política, específicamente humana. Proponemos el emplear como alternativa, la expresión mucho mas precisa de comunidad geopolítica, que es, «comunidad fijada en un territorio determinado y dotada de unos órganos de mando político determinados».
2 Wassily Leontief «Distribución de trabajo y renta» Investigación y Ciencia, nº 74, Noviembre 1982.
3 J. Morgan «Des machines et des hommes: dictadure ou prolétariat» Sciences et Avenir nº spécial hors série nº 45 (Traducido y adaptado por Hervé le Tellier, © Sunday Times Magazine. 23 de Octubre de 1983).

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