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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
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Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
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Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
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El poder del dinero.
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Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

Las armas de los desarmados. Índice. Al servicio de este pueblo. Cabeza, corazón y manos de un pueblo. Al servicio de este pueblo.

Al servicio de este pueblo.

Avui. Logotip historic.Avui. Miércoles, 1 de febrero de 1978. Página 7.

Masas y conciencia nacional.

Me ha gustado, por su comportamiento, el artículo de Ernest Lluch en la revista «Presència» del 21 de enero, sobre los Países Catalanes. Dice que, si antes parecía conveniente no precipitar los ritmos de comprensión histórica, porque se podía dañar una posibilidad histórica muy importante, ahora parece que el actual ritmo es demasiado reducido.

Estas palabras y todo el artículo en general, manifiestan una gran afección de Ernest Lluch y de su partido, el PSC-C hacia los Países Catalanes. Sin embargo, quiero hacer unas observaciones.

Creo que ningún partido ni ha de precipitar ni de retrasar los ritmos de comprensión de una nacionalidad por sus ciudadanos. Los partidos, ni pueden inventar ni pueden aniquilar naciones. Y, sin embargo, el intervencionismo abunda en los grandes partidos. Algunas de las observaciones de Ernest Lluch muestran como su partido ha frenado, como tantos otros partidos, y como lo está haciendo aún el presidente Tarradellas, indirectamente, el ritmo de comprensión ciudadana de los Países Catalanes. Cataluña no es una nación, cuando Cataluña quiere decir en la práctica el Principado. El Principado de Cataluña es una región de la nación que llamamos Países Catalanes, que tiene su sentimiento nacional más desarrollado masivamente que otras regiones de la misma nación, porque su desarrollo económico la ha protegido contra la opresión que han sufrido las Islas y Valencia.

Si a nivel sindical no se siente tanto la nacionalidad es, a menudo, por el control ideológico de los partidos que dominan estos sindicatos. Es obra política y obra política equivocada, incluso ante los inmigrados que vienen ilusionados a establecerse en nuestras tierras.

La radicalidad nacional catalana no está sólo entre profesionales de la cultura propensos al verbalismo, sino en el mismo corazón de las masas. Cuando el obrero, bloqueado por los políticos en el sindicato, se desbloquea en las grandes manifestaciones de los días nacionales de las respectivas regiones de nuestra nación y se convierte en ciudadano, entonces le sale una comprensión histórica que deja a los políticos con un palmo de boca abierta. Y si no, véase Andalucía.

La fobia contra el Principado en las otras dos regiones es inducida políticamente por los respectivos bunkers barraquitas.

Pero es mucho más superficial que no parece, a juzgar por los votos facilitados por los partidos y por las grandes manifestaciones.

Ernest, la comprensión histórica de los Países Catalanes, no es un problema de masas, no. Es un problema político, un problema entre políticos. El pueblo tiene una gran inteligencia para estas cosas elementales. El pueblo del Principado no sabe si le conviene o no ahora ir junto con Valencia y las Islas, es cosa de políticos. El pueblo de Valencia y las Islas no sabe si le conviene ahora ir de la mano con el Principado o ir cada uno a su aire, es cosa de políticos. Pero todos sabemos que somos hermanos y deseamos por encima de conveniencias, ir juntos por los caminos de la historia. Es una convicción muy profunda, muy real, muy contagiosa.

Lluís M. Xirinacs.

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