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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

 
Capítulo 3. Características de un sistema monetario científico. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Índice. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Capítulo 5. La telemática. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad.
Diseño de Civismo.
Apuntes de investigación interdisciplinar

 

2.12. La sociedad utilitaria consumidora.

2.12.1. Sociedad utilitaria productora y sociedad utilitaria consumidora.
2.12.2. Consumo.
2.12.3. Productores consumidores y simples consumidores.
2.12.4. Derecho al consumo: dinero financiero gratuito para todos.
2.12.5. Protección y responsabilización del consumo.
2.12.6. Los límites del crecimiento.
2.12.7. Ecología, economía y dinero.

2.12. La sociedad utilitaria consumidora.

Producir y consumir son los dos actos utilitarios por excelencia. La libertad de producir y de consumir es fundamental para un mercado libertario, pero, como siempre, esta libertad no puede ser la excusa para saltarse unas reglas de juego limpio mínimas, exigibles a cualquier productor o consumidor.

En el ciclo del consumo estas reglas de juego deben permitir un mínimo consumo vital para todas las personas, deben facilitar el control de calidad y la protección de otras especies vivas y del medio ambiente.

Al tratar estos temas no pretendemos ser exhaustivos ni afrontarlos con el rigor necesario a un especialista en cada materia. Solo planteamos algunas pistas que nos ayuden a dialogar para salir de la parálisis de unos y de la inconsciencia de los otros en mantener el equilibrio de los ecosistemas en los cuales y de los cuales también participan, obviamente, las personas humanas.

Versión 1987.

2.12.1. Sociedad utilitaria productora y sociedad utilitaria consumidora.

La sociedad utilitaria está formada por dos sociedades complementarias: la utilitaria productora (ciclo de la producción) y la utilitaria consumidora (ciclo del consumo).

La sociedad utilitaria productora produce mercaderías no finitas que tienen diversos destinos

según sus características:

  • hay mercancías no finibles que permanecen en el ciclo de la producción para seguir siendo transformadas (por ejemplo, las materias primas).
  • hay mercancías no finibles que, por ser inversivas, permanecen en el ciclo de la producción como instrumentos en y de los procesos productivos (por ejemplo, la maquinaria).
  • finalmente, hay mercancías finibles que están en poder de los comercios e industrias al por menor para pasar al ciclo del consumo , a la sociedad utilitaria consumidora, cuando son vendidas por el detallista y compradas por el consumidor.

Así, toda mercancía producida en la sociedad utilitaria productora es para ir a parar, más o menos directa o indirectamente, más tarde o más temprano, más o menos transformada, a la sociedad utilitaria consumidora. El consumo es el que da a la producción el sentido humanista de servicio a las personas.

Versión 1987.

2.12.2. Consumo.

El consumo acaba, finaliza, todo el proceso mercantil-productivo: este proceso exige, pues, ser financiado -el dinero financiero es el que finaliza en el consumo- cuando se dan excedentes reales de mercancías de consumo, vitalmente y culturalmente pedidas por la población total de la sociedad geopolítica.

El consumo, al ser la última etapa de la producción cierra el ciclo. Cuando una mercancía, apta para el consumo vital-cultural de cualquier persona, es adquirida por cualquier consumidor -con poder de compra privado-solvente o con poder de compra financiero -comunitariamente solvente-acaba su ciclo mercantil-productivo normal, la mercancía se convierte finita y comienza para ella un nuevo ciclo de exclusiva iniciativa, propiedad y uso personal al servicio de las necesidades vitales culturales de la persona (individual, familiar, institucional y asociativa liberales ...) que la ha comprado.

El consumo es, así, el fin y la finalidad natural de la producción. Tratándose de dos ciclos bien separados del mercado total, hay que separar muy bien la sociedad utilitaria productora y la sociedad utilitaria consumidora . El incentivo de la primera es la satisfacción de las necesidades del egoísmo natural y del interés contable-monetario de cada productor personal según méritos propios. El incentivo de la segunda -consumidora- es la libertad de uso para cada consumidor y la solidaridad social en el uso de los excedentes positivos de producción consuntiva.

Esta separación entre los dos ciclos -el productivo y el consuntivo- es exigida para poder distinguir las diferentes libres composiciones, intereses, motivaciones... que caracterizan cada ciclo en el seno de la entera sociedad geopolítica; distinción necesaria para una libertaria estrategia de equilibrio económico en el mercado total.

Versión 1987.

2.12.3. Productores-consumidores y simples consumidores.

La primera diferencia entre el ciclo de la producción y el ciclo del consumo radica en la respectiva distinta composición. Mientras que el ciclo de la producción es excluyente ya que sólo se cuentan los profesionales utilitarios (empresarios eficaces, trabajadores competentes, capitalizadotes, inversores, inventores operativos), el ciclo del consumo es totalizante: abarca a todos los miembros de la sociedad geopolítica sin excepción. Efectivamente, todas las personas de la sociedad geopolítica tienen derecho a consumir según dos modalidades posibles.

La primera, es la de los productores-consumidores : son los profesionales utilitarios que realizan su consumo a través de un poder de compra de doble origen y solvencia:

  1. de solvencia y origen salariales-privados, remuneración contractual libre de su libre participación activa en la sociedad utilitaria productiva.
  2. de solvencia y origen financieros-comunitarios, en virtud del Estatuto Genera 1 y, ocasionalmente, de los Estatutos Utilitario y Mixto.

La segunda modalidad es la de los simples consumidores : son los que no pertenecen a la sociedad utilitaria-productora pero si la utilitaria-consumidora:

  • los profesionales y colectividades liberales que disfrutan única y exclusivamente de un poder de compra para consumo de solvencia y origen financieros-comunitarios, en virtud de su Estatuto Liberal;
  • Los individuos sin profesión, así como las familias (independientemente de los ingresos particulares de cada uno de sus miembros) que disfrutan también de un poder de compra para consumo de solvencia y origen financieros-comunitarios, en virtud del Estatuto General.

Versión 1987.

2.12.4. Derecho al consumo: dinero financiero gratuito para todos.

Este derecho al consumo de todos los ciudadanos de la sociedad geopolítica lo tienen por el hecho de haber nacido o de vivir. El hecho de vivir, sin haber nacido, tiene mucha importancia, pues incluye el derecho solidario al consumo social de todos los inmigrantes. Ningún país decente les puede rechazar, sobre todo si son débiles y pobres, con la única condición de que adquieran, por lenta educación, una suficiente ósmosis con la población autóctona. En caso de incapacidad flagrante para esta ósmosis neo-nacionalizante, hay que encontrar soluciones menos insolidarias que la simple expulsión. En todos los casos, será mejor llevar la propia solidaridad humanista en el país de los emigrantes, si la causa de esta emigración no es la libre decisión personal, sino la miseria o, incluso, el hambre.

Para proteger de manera eficaz este derecho al consumo de la libre población de cada etnia libremente confederada en el interior de la sociedad geopolítica, el primer e insoslayable paso es la protección real y concreta del ciclo de la producción de mercancías finibles: sin producción no hay bienes para consumir. (Esta protección general y específica a los agentes de producción se trata en el apartado correspondiente).

El segundo paso para concretar el derecho al consumo, es dinamizar todo el ciclo de la producción completando el poder privado-solvente de compra de los productores-consumidores: dar gratuitamente y equitativamente a toda la población, según el principio de solidaridad social, el dinero financiero necesario para un libre consumo de los excedentes de producción en mercancías finibles. (Este segundo paso, que busca equilibrar económicamente el mercado, se trata al hablar de los diferentes Estatutos Financieros).

Estos dos mecanismos -proteger la producción y distribuir equitativamente dinero financiero gratuito para el consumo de los excedentes de producción consuntiva- son suficientes para asegurar el equilibrio económico del mercado y una creciente creatividad vital-cultural de todos los miembros de la sociedad geopolítica.

Una última ayuda para facilitar el derecho al consumo es el descubierto automático de un 25% sobre el saldo promedio de los 3 últimos meses, que tienen todas las cuentas corrientes de consumo, en Cajas de Ahorros.

Versión 1987.

2.12.5. Protección y responsabilización del consumo.

El consumo, como cualquier otro acto monetario, quiere su inmediata y total personalización y responsabilización. La sociedad utilitaria consumidora es tan simple, que no necesita ninguna legislación específica salvo impedir el consumismo alienador y fomentar la creatividad ecológica tan natural al hombre si no se le corrompe socialmente.

La única regla fundamental del ciclo del consumo es que toda transacción (toda compra-venta de mercancía entre minorista y consumidor) sea efectuada por factura-cheque telemática ya través exclusivamente de una cuenta corriente de ahorro de consumo abierta en una Caja de Ahorros: toda persona tendrá una sola cuenta corriente de ahorro de consumo (esta única cuenta también puede ser familiar indistinta).

Sólo en un caso particular habrá una legislación mínima de los actos de consumo: las colectividades liberales, para evitar la corrupción de gestión de sus presupuestos (ordinarios y extraordinarios) y de agilizar los trámites, deberán contar con un jefe de compras único, responsable de la administración de cada institución o asociación, administración que debe buscar una eficacia compradora que tenga más en cuenta la calidad que el precio.

El consumo real puede ser descrito como un proceso consistente en «la absorción de bienes utilitarios para su transformación en vitalidad corporal-anímica o / y en vivencias espirituales-culturales». Es decir, el consumo satisface las necesidades utilitarias de las personas y, por ello, las libera., las deja libres para dedicarse a actividades no puramente utilitarias corporales-anímicas. El consumo permite, por tanto, el sostenimiento y promoción del propio ser de cada persona individual, familiar, colectiva, o comunitaria.

Entendido el consumo como un hecho vitalmente necesario y socialmente liberador, debe ser potenciado al máximo. Si buscamos una producción máxima en cantidad y óptima en calidad sólo es para disfrutar de un consumo también máximo y óptimo para toda la población. Esto no tiene porqué significar, necesariamente, ni consumismo estúpido, ni desarrollismo ciego e ilimitado, siempre que se respeten las siguientes condiciones en un mercado libertario y responsable :

  1. que el consumo no esté manipulado. Esta es la base del consumismo: las empresas más potentes gastan grandes cantidades de dinero y recursos en una publicidad absurda y manipuladora con el objeto de hacer consumir a la gente lo que realmente ni desea ni necesita. La reforma del sistema publicitario es la garantía más eficaz contra este consumismo degradante.
  2. que la producción no sea anti-ecológica. Es necesario un paquete de leyes mínimas de protección ecológica para que cada Gremio las aplique integralmente y prácticamente en su especialidad productiva.

Aseguradas estas dos condiciones, creemos que no es ninguna locura la idea de un consumo máximo en cantidad y óptimo en calidad para todos los miembros de la sociedad geopolítica global.

Versión 1987.

2.12.6. Los límites del crecimiento.

La aparición continua de nuevas necesidades es una de las características más peculiares de la

especie humana que hace de ella una especie en constante evolución cultural. Siempre abierta a nuevos horizontes y nuevas perspectivas. Esta peculiaridad se expresa, precisamente, en el progreso, tanto tecnológico-productivo, como social-consuntivo-liberador.

Desde el informe del Club de Roma sobre los límites del crecimiento, el tema del «crecimiento 0» es capital para relacionar ecología y economía.

A pesar de la aportación que el informe realizó en tanto que «grito de alerta», hay que estudiar las consecuencias que se derivan para ver a quién favorecen y qué intereses se pueden aprovechar.

Queremos tener en cuenta la hipótesis de que, si bien hay que rechazar un crecimiento sin límites como el del «capitalismo salvaje», hay, sin embargo, un cierto crecimiento en el marco de un mercado libertario responsable y ecológico. Sin esta hipótesis el "crecimiento 0" puede ser una cobertura de ciertas clases riquísimas del occidente-capitalista o muy bien situadas en el escalafón burocrático del oriente-socialista para mantener el poder, manteniendo a las poblaciones en el subconsumo versus miseria. Estas clases poderosas, que de dinero ya tienen bastante, prefieren con creces seguir manteniendo el poder basado en la estrechez de los pueblos que no permitir que éstos se beneficien de las ventajas productivas tecnológicas actuales y venideras. Trabajar menos horas y tener dinero en el bolsillo permite a la gente "pensar", "disentir", "insubordinarse»... y ésto, para el poder, siempre es peligroso.

La austeridad estructural resultante de un «crecimiento 0» bien planificado y prolongado, sustituirá «sin traumas» la actual austeridad forzada coyuntural, provocada por la actual crisis inflacionista-stagflacionista. «Apretarse el cinturón», en nombre de la crisis (provocada) o de los límites del crecimiento (autoprovocado) es el mejor método, históricamente conocido, para una domesticación-esclavización igualmente prostituidoras de lo que se llama «las masas», a las que ya no queda más remedio que la sumisión conformista o la ira impotente.

Debido a la nefasta estrategia industrial que lleva a una creciente contaminación y agotamiento de recursos, se ha reaccionado pidiendo la supresión de toda industria contaminante y de todo proceso industrial-energético que ponga fin a determinados recursos. De nuevo se confunde (confusión provocada como trampa para los ingenuos) entre la tecnología y un cierto (uso irresponsable antieconómico y antiecológico que las clases dirigentes actuales hacen o permiten.

Hoy e día hay soluciones tecnológicas para evitar la contaminación, producir energía suficiente y encontrar recursos alternativos prácticamente inagotables. Pero es necesaria la voluntad política para potenciar estas soluciones y, esta voluntad política, sólo puede ser eficaz en un sistema de responsabilización libertaria y solidaria. De lo contrario, «hecha la ley, hecha la trampa». Hoy hay, por ejemplos muchos inventos que por intereses creados están arrinconados, hay muchas leyes pro-ecológicas que por «intereses minoritarios» no son aplicadas, vía soborno parlamentario, judicial o ejecutivo en cualquiera de sus grados.

Sólo un indefinido progreso económico-ecológico (repartición salarial y financiera / producción precio-mercantil y crediticia / equilibrio económico) puede ofrecer a todas las personas las concretas libertades fenoménicas (alimentación, vivienda, vestido, comunicaciones, culturas, asistencias...) que les permita un desarrollo específicamente y libremente humano-espiritual-cultural, más allá de la miseria, el hambre o la simple e inestable subsistencia. De lo contrario, con

una pseudoecologia supresionista de la producción energética, industrial y química estamos abocados a:

  • un crecimiento 0, expresión de un neo maltusianismo de moda;
  • unas crisis inflacionistas interminables que conllevan toda baja relativa de la producción real y potencial;
  • una centralista planificación productiva-estatista igualmente antilibertaria en el área comunista como en el área anticomunista;
  • una rápida proletarización no sólo de los débiles, pobres y marginados, ya hoy con gravísimos problemas de paro forzoso, sino también de las clases medias y menestrales comprendidas todas las profesiones llamadas "liberales";
  • la sentencia de muerte a millones de personas hoy ya desnutridas o subnutridas biológicamente y culturalmente.

El debate sobre los límites del crecimiento debe ser, pues, reconsiderado desde el objetivo prioritario de la superación de los escandalosos desequilibrios existentes entre los niveles de consumo de las diferentes capas de población y de los diferentes bloques de países. Si disponemos de una repartidora telemática se acabará la bizantina polémica sobre si primero hay la producción para luego repartir (repartición que, llegado el momento, se olvida cínicamente) o si primero hay que repartir sin ocuparse de producir (por idealismo igualitarista). Hoy hay que empezar a repartir, potenciando al mismo tiempo la libertad de producir dentro de unas reglas de juego responsabilizadoras y ecológicas. En cada avance productivo en calidad y en cantidad, la repartidora financiera reequilibra económicamente el consumo con la real producción de mercancías finibles.

Los límites del crecimiento también deben ser reconsiderados dentro de una potenciación libertaria de la «materia utilitaria primera» inagotable e ilimitada del hombre: su capacidad intelectual creativa que se concreta en el ciclo de la producción en los innumerables inventos utilitarios realizados, aplicados o por aplicar. Hoy más que nunca, incluso en el capítulo de la energía, la solución depende más de los presupuestos otorgados a la investigación científica fundamental, especializada y aplicada, libremente desarrollada, que de la explotación de las energías tradicionales y modernas, muchas de de ellas no renovables o super-peligrosas.

Versión 1987.

2.12.7. Ecología, economía y dinero.

La contaminación y el agotamiento de ciertos recursos son unos fenómenos característicos y típicos de las culturas sedentarias, urbanas, es decir, de toda civilización, desde hace, por tanto, unos 10.000 años. No se dan ni en el estado animal de la naturaleza ni en la evolución prehistórica de la humanidad.

La contaminación y el agotamiento de ciertos recursos hoy se ve particularmente acentuado en nuestra civilización super-tecnológica. Esta gravedad no proviene tanto de la misma tecnología como de la utilización bélica y consumista que los poderes legales y fácticos hacen para su propio provecho y contra los pueblos que, en lugar de disfrutar de las posibilidades productivas de esta tecnología, se ven condenados, en el límite, a la miseria y al hambre de los pobres, los marginados, los ancianos, los huérfanos...

Las dos disciplinas para luchar contra las contaminaciones inherentes a la civilización son la ecología y la economía.

La economía es «la norma de repartición equitativa (-nomía) del bien común nacional (eco-)», bien común representado hoy día por los excedentes de producción inversiva (crédito) y de producción consuntiva (finanzas) que no compran libremente las empresas productoras y los productores consumidores con su solo poder de compra salarial privado-solvente, respectivamente.

Ahora bien, la economía es hija de una disciplina aún más antigua, la ecología: este es un término, igualmente compuesto, que significa «palabras libres (-logía) sobre el bien común nacional (eco-).

Las palabras suelen ser anteriores a la norma, ya que gracias a ellas se expresan los términos bien precisos de esta norma.

Este vínculo etimológico entre economía y ecología, refuerza, aún más, la necesidad de diseñar una ecología económica y una economía ecológica: expresiones que, en la excepción corriente de ecología y en la que hemos definido de economía significa «protección del bien común frente a su repartición equitativa entre la comunidad », o bien, « repartición equitativa del bien común entre la comunidad, respetándolo y potenciándolo ». Por bien común debemos entender todo el patrimonio natural y cultural heredado: el sol, los bosques, los ríos, el mar, el aire, la información, la energía y las comunicaciones... los excedentes de producción... Es todo este bien común que se debe potenciar y respetar para ser distribuido equitativamente su uso y sus frutos.

En la crisis de anticivilización actual, vivimos en una plena indisciplina y desprecio del bien común a todos los niveles, que crea una situación de hecho en la que todos estamos inmersos y que no siempre sabemos que hacer para emerger de ella prácticamente. Tal y como hemos definido los términos, hoy reina «la anti-ecología y el anti-economía». En esta situación de hecho, no basta con decirse «ecologista» para hacer realmente ecología, ni de ponerse la etiqueta de «economista» para hacer realmente economía.

Necesitamos afrontar el tema de la repartición equilibradora, es decir, de la economía ecológica en términos fenomenológicos, científicos y tecnológicos, en términos de soluciones prácticas y posibles que, inspiradas en los ideales de la solidaridad y la libertad, respeten la ecología y la economía al mismo tiempo, pero que no se pierdan en simples declaraciones de principios idealistas o ideológicos.

La ecología humanista no sólo debe beneficiar a los privilegiados de las sociedades históricas y actuales, sino a toda la población de la Tierra actual y futura.

La ecología humanista se empeña en eliminar toda contaminación y quiere concretarse en una comunión con la naturaleza y con los hombres. La economía ecológica quiere luchar contra todo tipo de polución incluida la «corrupción» social y política; quiere el equilibrio de los ecosistemas incluido el equilibrio económico del mercado y de la sociedad; quiere la armonía con todos los seres vivientes incluida la solidaridad completa entre todos los hombres y mujeres, entre todas las familias y otros grupos primarios, entre todas las personas colectivas y étnicas de mayor envergadura.

Esta voluntad radical de larga y difícil transformación y conversión interna de todas las personas a favor de un proyecto verdaderamente ecológico-económico, que devuelva la armonía perdida en el planeta, sin renunciar a ninguna conquista positiva de la humanidad, es necesaria e imprescindible, pero es necesario el saber hacer económico-político que haga eficiente esta voluntad comunitaria.

El primer paso es la depuración del dinero corrupto y la obtención del dinero impoluto, un dinero transparente, científico, responsable, equilibrador, favorecedor del juego limpio de todos, con sanción judicial inmediata para todo intento de juego sucio.

El segundo paso es que, con este dinero blanco, la sociedad geopolítica se hace dueña de la capacidad de inventar poder de compra en función de los excedentes de producción y puede evitar, así, de dañar dinero en la erosión de la antieconomia que crea inflaciones y deflaciones.

El tercer paso consiste en repartir este bien común mercantil ofreciendo al pueblo, en cantidad máxima y óptima calidad, unos servicios y equipamientos públicos adecuados y gratuitos (autoridades sin burocracia, autonomías confederadas; educación e instrucción en libertad, salud, urbanismo, medios de comunicación, servicios públicos -agua. luz, transportes, correos-...).

El cuarto paso es destruir la escandalosa mercantilización de la sociedad liberal (descomercializarla y desfuncionarizarla) con una financiación comunitaria y un sistema de responsabilización, de incompatibilidades y de ingreso liberal.

Así, hay que atacar, una a una, cada polución específica. La lucha ecológica es una lucha de dinero y de técnica comprada con este dinero y hay que combatir la polución con todas las armas tecnológicas a nuestro alcance.

Versión 1987


Capítulo 3. Características de un sistema monetario científico. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Índice. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad. Capítulo 5. La telemática. Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad.

 

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