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Pequeña historia de la moneda.
Agustí Chalaux de Subirà, Brauli Tamarit Tamarit.

El capitalismo comunitario.
Agustí Chalaux de Subirà.

Un instrumento para construir la paz.
Agustí Chalaux de Subirà.

Leyendas semíticas sobre la banca.
Agustí Chalaux de Subirà.

Ensayo sobre Moneda, Mercado y Sociedad.
Magdalena Grau Figueras,
Agustí Chalaux de Subirà.

El poder del dinero.
Martí Olivella.

Introducción al Sistema General.
Magdalena Grau,
Agustí Chalaux.

No es la plusvalía del trabajo, estúpido... pronto no.

Racó Català. Jueves, 28 de abril del 2016. Opinión.

No es la plusvalía del trabajo, estúpido... pronto no.

Alexandre Figueres.

Alexandre Figueres.Se calcula que en los próximos veinte años un 45% de los puestos de trabajo serán ocupados por robots o mecanismos automatizados versus el 10% actual. Las predicciones dicen que en pocos años, buena parte de la logística y del transporte será automatizada o con drones, que los camareros, el personal de caja, los obreros, los trabajos administrativos rutinarios e incluso ciertos trabajos de analistas serán llevados a cabo por máquinas o software avanzado. Y esto irá «in crescendo». Muchos economistas y sociólogos ya predijeron esta situación hace años. Lo más relevante para mí es Jeremy Rifkin que inició la teoría con su libro «El fin del trabajo» en 1995 y ha seguido con «La sociedad de coste marginal cero» en el año 2014. más allá de las referencias empíricas que predicen esta situación, ésta cada vez se hace más evidente para cualquier ciudadano de a pie en su día a día.

Cuando el trabajo humano sea masivamente prescindible, dejaremos la tercera revolución industrial para entrar en la cuarta. La tercera habrá sido, en mi opinión, la era industrial más breve de la historia. Cuando esto ocurra, la generación de riqueza no vendrá determinada por la plusvalía del trabajo, ya que no habrá «trabajo». Habrá como ahora creación, fabricación y producción, pero no «trabajo». La riqueza se generará a partir de la plusvalía de inversión tecnológica (a más inversión en tecnología y maquinaria, más riqueza), donde el único trabajo vendrá de la investigación y el desarrollo.

Esto rompe todos los esquemas de la izquierda marxista, que basa toda su teoría en la plusvalía del trabajo. No importaría que los medios de producción estuvieran en manos del estado, dado que a menos que se apostara por la «desindustrialización», seguiría sin haber una plusvalía del trabajo a repartir porque de hecho aún seguiría sin haber trabajo. Pero cuidado, también rompe todos los esquemas del liberalismo clásico, que basa toda su teoría en el equilibrio del mercado. ¿Qué mercado, si ya no hay sueldos a negociar, ni compradores que puedan comprarte los bienes y servicios? El mercado ya no está. Sólo hay la producción tendente a coste cero y la capacidad adquisitiva del comprador tendente también a cero, sin algo que sirva de canalizador económico para equilibrar el mercado, es decir: los sueldos por el trabajo realizado.

Pero nos encontraremos con otra paradoja: si bien la generación de riqueza o de los bienes y servicios no dependerá de la mano de obra, lo que DE VERDAD genera la circulación monetaria y la riqueza sí dependerá de la capacidad adquisitiva humana: hablo de la venta de estos bienes y servicios (de nada te sirve haber producido mil vehículos si te los tienes que quedar todos y no vendes ninguno). Como esta revolución tecnológica destruirá para siempre los puestos de trabajo que generará y la natalidad no está planificada (tema que daría para otro artículo y que quizás no sería tan descabellado) es imposible hoy por hoy adecuar la futura masa de trabajadores a la demanda real de trabajo existente.

Este nuevo modelo productivo puede dar lugar a una crisis económica sin precedentes a menos que olvidemos las teorías básicas de la derecha y la izquierda en materia económica (el socialismo y el liberalismo) y creemos unos nuevos paradigmas socioeconómicos basados en el bien común y en la economía colaborativa, la autoproducción, y lo más importante de todo: el reparto de la riqueza en base a una renta mínima universal e incondicional que reparta por igual parte de la riqueza generada y permita a la población acceder a los bienes y servicios creados por las empresas a poder vender. Parece una paradoja, pero las empresas deberán destinar parte de sus ganancias a pagar para poder tener clientes. Y no es tanto descabellado pensar en impuestos estilo IRPF aplicados a las máquinas y el software: ¿Tienes tantos robots = X euros de impuesto? ¿Que tu software hace el trabajo de diez trabajadores? Pues paga en proporción a si tuvieras al menos cinco, por ejemplo. El desarrollo tecnológico no tiene límites ni freno, pero la imaginación de las sociedades para crear tasas y sistemas de financiación tampoco debería tenerlo. Sólo hay que romper con los esquemas mentales que tenemos actualmente preestablecidos.

Se suele argumentar como alternativa a la Renta Básica que más valdría garantizar un trabajo a todos. Se dice esto como una forma de aferrarse al trabajo como centro y canalizador de la economía. Esto es más factible en un estado socialista, y de hecho ya hay antecedentes históricos en este sentido que han demostrado ser un desastre económico. ¿Trabajo? ¿Qué trabajo? ¿Uno ficticio? ¿Pagamos a alguien para que esté ocho horas sentado en un parque natural viendo una montaña y decimos que es, por ejemplo, el «vigilante del camino»? Hay que entender que un trabajo es ficticio en tanto que nadie pagaría realmente por ello si no fuera para tener una «excusa» para abonar un sueldo a alguien.

Es mucho mejor dar a alguien una cantidad económica al mes para que viva y destine su tiempo a lo que desee que crear un trabajo ficticio. Los trabajos ficticios ni aportan nada a la sociedad ni dignifican el concepto del trabajo. El tiempo de una persona será más productivo para la sociedad si lo destina a lo que crea oportuno que no si se le obliga a estar sentado sin hacer nada haciendo ver que hace un trabajo que realmente no existe y que además esta persona no quiere hacer. Quizás lo dedicará al arte. Quizás lo dedicará al altruismo. Quizás se formará. Quizás buscará crear nuevos modelos de relación social y económica para ganarse un plus salarial. Quizás... Cualquier «quizás» será mejor que obligarle a hacer ver que trabaja.

Sin embargo no debemos perder el mundo de vista. Tenemos que ir preparando el terreno para cuando esto suceda. Pero hasta que esta cuarta revolución industrial no llegue del todo -y no lo hará de golpe, si no paso a paso-, no debemos perder de vista los abusos laborales que se producen en todo el mundo con los trabajadores asalariados que todavía hacen que muchas empresas vivan de la plusvalía del trabajo (lógico en el capitalismo) y que además, abusan. Lo digo ahora que falta poco para el 1 de mayo. Que prepararnos para la batalla de mañana no nos haga perder de vista la batalla de hoy. Porque al fin y al cabo, son la misma guerra.

Enlace a la página original en catalán:

http://www.racocatala.cat/opinio/article/38960/no-plusvalua-treball-estupid-aviat-no


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